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lecciones de la naturaleza y de la historia

LA CIUDAD DE DAVID

De Belén tenemos noticias por el presbítero San Jerónimo que se retiró allá para llevar vida de oración, penitencia y de estudios de las Sagradas Letras. Pasaba por ser el mejor políglota de su tiempo, pues dominaba el latín, el griego y el hebreo. Con este bagaje lingüístico pudo interpretar, como ningún otro, las Sagradas Escrituras, lo cual hizo en Roma. Ello le llevó a formar una escuela escriturística a la que concurrían las más nobles damas romanas, de las que algunas son santas. Se decía que Jerónimo sería con el tiempo el sucesor del papa San Dámaso. Pero, disgustado por ciertas costumbres de Roma, él que ya antes había vivido algunos años en el desierto de la Cálcida, suspiró ahora por la paz y tranquilidad de Belén.

Era tiempo de peregrinaciones a Tierra Santa, y algunos de los peregrinos más eruditos -Sulpicio Severo y Tirannio Rufino- nos han dejado hermosas descripciones de aquellos sagrados lugares donde se desarrolló la vida, pasión y muerte del Redentor.

Sobre Belén en particular nos dice Sulpicio Severo en la narración de su viaje peregrino: «De Alejandría partí para Belén, que dista de Jerusalén seis millas (nueve kilómetros) y desde Alejandría dieciséis jornadas hasta llegar a aquel lugar, cuya parroquia, dependiente del obispo de Jerusalén, regía el presbítero Jerónimo». De él hace grandes elogios como debelador de la herejía, fustigador contra la avaricia y la vanidad y gran trabajador.

Debía ser por entonces Belén una apacible aldea campesina y pastoril, y la parroquia regida por Jerónimo no de mucho trabajo pastoral, pues le dejaba tiempo para leer y escribir tantas cartas, opúsculos y libros como allí escribió.

En estas cartas, con frecuencia invitaba a sus amigos a visitar Belén a quienes decía: «¿Con qué palabras y con qué términos podré declararos la grandeza y dignidad de la Cueva del Salvador? Pues aquel santísimo pesebre en que Cristo, siendo niño tierno, lloró e hizo pucheritos, debe ser honrado con silencio más que con palabras cortas y vulgares. En este pequeño rincón de la tierra, llamado Belén, nació el hacedor de los cielos. Aquí fue envuelto en pañales; aquí fue visitado por los pastores; aquí lo mostró la estrella y aquí lo adoraron los Magos».

Y luego les describió la bucólica y cristiana vida de Belén que en el siglo IV él conoció y dice: «En esta aldea de Jesucristo hay toda la rusticidad y llaneza del mundo. Fuera de la música y canto de los salmos, todo es aquí un perpetuo silencio. A cada parte que volváis los ojos, oiréis al granjero y labrador, que canta el aleluya; al segador que sudoroso, se recrea cantando los salmos, y al podador que, mientras maneja su curva hoz en las vides, canta alguna pieza de las que compuso David...»

Siglos después pasaron por allí los turcos y actualmente mandan allí los judíos. Sin embargo, unos y otros permiten a los peregrinos cristianos visitar Belén, que, junto con Nazaret, son las ciudades palestinas donde más cristianos hay.

A dos kilómetros de Belén, en dirección a Oriente, se alza la capilla del «Gloria in excelsis Deo», erigida en 1955.

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