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María entre nosotros

 

 

 

lecciones de la naturaleza y de la historia

LA CIENCIA VUELVE A HABLAR DE DIOS

Dijo Quevedo que ninguna otra cosa pone tan de manifiesto la ceguedad del hombre y la torpeza a que le ha conducido el pecado, como el tenerle que probar que Dios existe.

En realidad la existencia del Creador es una de aquellas verdades primordiales que entran espontáneamente por los ojos. Los cielos la proclaman en las alturas con sus miríadas de estrellas, indefectible y ordenada danza; la tierra con sus arcanos maravillosos...

Fabre dejó escrito que él no podía decir que creía en Dios sino que le veía, y el gran anatomista A. Hirl: «La existencia de Dios es la última palabra de la ciencia».

«A pesar de testimonios tan claros, es también una verdad patente que hay ateos, en tal número que el Concilio Vaticano II ha dicho categóricamente que el ateísmo es uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo.»

No obstante, la partida de defunción de la divinidad que nos quieren vender ha sido escrita prematuramente. Dios no ha muerto e incluso se podrían recitar aquellos versos del poeta satírico: «Los muertos que vos matasteis gozan de buena salud.» ¿Quién nos traerá tan felices y alentadores auspicios? Aunque parezca extraño, la ciencia a la que los ateos anunciaban como suya.

Zacarías Martínez en el Prólogo de su libro: «La finalidad en la Ciencia» decía:

«Los antiguos vieron algo de la perspectiva del conjunto del universo, del esplendor, de la grandeza que en él reinan y, movidos por el entusiasmo, desataron su lengua y movieron su pluma para entonar un himno en honra al Creador... Pero desde hace algunos años sondas, microscopios, telescopios e investigación interdisplinar han logrado poner un pie en el gran Templo del Universo y fueron tales las maravillas que se contemplan que todo lo que se decía de Dios por el espectáculo que ofrecen a simple vista las criaturas es poco, poquísimo de lo que se merece su Santo Nombre."

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