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lecciones de la naturaleza y de la historia

LA CASA DE ANAS

     «Durante la vida de Jesús y los primeros decenios del cristianismo la autoridad máxima religiosa del judaísmo estuvo detentada en varias ocasiones por miembros de la familia de Anás. Este sacerdote accedió al cargo del sumo sacerdocio en el año de la destitución de Arquelao (año 6 d. de C.) y se mantuvo en él hasta el año 15. Seguramente era ya un hombre rico cuando fue nombrado sumo sacerdote, pues dicho cargo, durante la dominación romana, se solía obtener mediante el pago de una fuerte suma al poder civil. No obstante, el hecho de que el sumo sacerdote tuviera el monopolio de todas las ventas de objetos que los peregrinos necesitaban para participar en el culto del Templo de Jerusalén favoreció sin duda que sus riquezas se multiplicaran durante el tiempo que ejerció esta responsabilidad.

    Los evangelios atribuyen a Anás y sus aliados la decisión de dar muerte a Jesús, y Lucas en los Hechos hace responsable al clan de Anás de todos los intentos por impedir la predicación cristiana. Señalemos los más significativos. Durante el sumo sacerdocio de Caifás (años 18-36), yerno de Anás, no sólo tuvo lugar el juicio y la condena de Jesús, sino también las primeras persecuciones cristianas y la muerte de Esteban. Bajo el sumo sacerdocio de dos hijos de Anás, Matías (años 42-44) y Anano (año 62), sufrieron el martirio Santiago, el hermano de Juan (año 42/43) y Santiago, el obispo de Jerusalén (año 62). Es cierto que fue el rey Herodes Agripa I quien mandó ejecutar a Santiago el Mayor, pero Lucas señala con claridad que lo hizo para agradar a los judíos (Hch 12,1-3) y Flavio Josefo describe las buenas relaciones que tuvo este rey con la aristocracia religiosa judía. En cuanto a Santiago el Menor, el relato de Flavio Josefo no deja ninguna duda acerca de la responsabilidad total del sumo sacerdote Anano.

    Esta unión estrecha entre las persecuciones cristianas y el clan de Anás no es una mera coincidencia; creemos que el hecho de que los cristianos sufrieran siempre persecución bajo los mandatos de los sumos sacerdotes de la casa de Anás muestra con claridad que estamos ante los verdaderos enemigos del cristianismo naciente.»

 

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