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María entre nosotros

 

 

 

lecciones de la naturaleza y de la historia

LA CABRA DE CACHEMIRA

Dios provee a cada ser que ha creado de lo necesario para sobrevivir. Se preocupa de que cada uno esté especialmente adaptado a su medio ambiente. Para ello creó las leyes naturales que los biólogos y naturalistas descubren tras muchos esfuerzos. No hay ley sin legislador y no existe orden sin inteligencia ordenadora.

La cabra de Cachemira posee larga pelambrera y cuernos curvos y afilados; se adapta a cualquier medio aún a las estepas de Mongolia interior, escasas en pasto y agua. Cualquier otra especie de cabra probablemente moriría de frío en esos largos inviernos del Asia central. Pero la cabra de Cachemira posee un pelaje peculiar, suave y corto, que crece debajo de la capa exterior de su lana, durante todo el año y le sirve de colchón aislante. Los pastores usan una herramienta parecida al rastrillo  para quitar este pelaje periódicamente sin lastimar al animal. Y una vez que se recoge, se procesa para la fabricación de los lujosos abrigos de cachemira.

Si a las cabras de Cachemira, o cualquiera otra especie, se les ha provisto lo necesario, ¿cuánto se nos ha provisto a los humanos? Dios nos ha dado la inteligencia para compensar nuestra debilidad ante otros seres vivos; y puesto que la inteligencia conlleva hacerse preguntas trascendentes nos ha dado un alma inmortal capaz de relacionarse con Él y llegar a vivir con Él. 

Necesitamos confiar en  nuestro Creador: que cuida de los peces del mar, las aves del cielo, los animales de la tierra. Que viste las flores del campo y ha puesto peso y medida al cosmos, peso y medida que descubren los físicos casi a tientas. Tales son sus misterios.

Necesitamos confiar en  nuestro Creador: que ha querido que le llamemos Padre y en efecto lo es. Y de infinita misericordia.

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