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María entre nosotros

 

 

 

lecciones de la naturaleza y de la historia

 

IMÁGENES DE CRISTO
 

Las primeras representaciones de Cristo en las catacumbas son simbólicas; encontramos también representaciones tomadas de la vida de todos los días: la figura del buen pastor, el timonel que dirige la nave, el pescador con sus redes, el maestro con sus discípulos. Evidentemente todas estas figuras pueden recordarnos a Cristo y su obra.

Cuando la Iglesia salió de las catacumbas y comenzó a construir templos, aparecieron las primeras imágenes personales de Cristo. La primera de éstas es el famoso Pantocrátor, Cristo rey, emperador, omnipotente. Está sentado sobre el trono imperial con todos los signos de su poder sobre los hombres, sobre los elementos y sobre las leyes del cosmos (representados como el arco iris bajo los pies del Salvador). Es la profesión de fe: El que fue crucificado por los poderosos de este mundo es el dominador del cielo y de la tierra.

En el medioevo, sobre todo bajo la influencia de la piedad franciscana, sobrevino un gran cambio. Cristo apareció sufriente en la cruz, a lo largo del Vía crucis, en la columna de la flagelación. Se comenzaba a olvidar que había sufrido y que cargaba con las debilidades de la naturaleza humana. Sin embargo, para no olvidar el aspecto divino, se intentaba conservar un equilibrio también desde el punto de vista iconográfico. Está bien meditar sobre la pasión del Salvador, pero no debemos olvidar que también ella es divina y, por tanto, gloriosa.

El Cristo de los artistas renacentistas se critica a veces por su belleza sin matices religiosos. Pero en el fondo hay también aquí un pensamiento teológico. ¿No debemos acaso ver en Cristo al hombre perfecto, ideal, que realiza todos los ideales de la humanidad?

En el período barroco, Cristo aparece, como uno con el que se entra en diálogo. Se representan sus revelaciones a distintos santos. El culto al Niño Jesús facilita la familiaridad con Aquel que, en la representación de Miguel Ángel en la capilla Sixtina, parecía un Juez inexorable.

¿Y en el arte moderno? Hay gran variedad, pero parece predominar un motivo: Cristo en la vida cotidiana, como trabajador, como peregrino, etc. ¿No corresponde acaso esta tendencia al programa espiritual de santa Teresa de Lisieux, el «caminito del amor», la perfección en las obras de todos los días?

 

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