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lecciones de la naturaleza y de la historia LA IGLESIA EIFFEL Todos hemos oído hablar de ese monumento emblemático de París que es la torre Eiffel. ¿Sabía Ud. que en la Baja California, México, existe una «iglesia Eiffel»? Si se pueden prefabricar casas y luego instalarlas con éxito... ¿por qué no hacer lo mismo con las iglesias? Esta pregunta se formuló A. Gustav Eiffel -el creador de la famosa torre de 300 m. hace más de 100 años. Pare responderla, diseñó en 1884 una iglesia prefabricada que se pudiera adaptar a las necesidades de los colonos franceses en África. En 1887 el mismo Eiffel supervisó la fundición de las diferentes piezas y dos años más tarde exhibía uno de los cuatro prototipos en la Feria Internacional de París de 1889. El público quedó cautivado por la majestad de la torre Eiffel y la iglesia prefabricada pasó prácticamente desapercibida. Pocos años más tarde envió a Bruselas dicha iglesia la cual interesó a los misioneros católicos del Congo Belga. Las tres fueron embarcadas hacia el África negra. Una comisión de ingenieros de minas franceses que trabajaban en México estaban de viaje de negocios en Bruselas, era el año 1894. Oyeron hablar de la iglesia, y se interesaron por su adquisición. Tras breves negociaciones compraron el único de los 4 prototipos que quedaban. Lo embalaron y salió hacia México, a la localidad de Sta. Rosalía. Llegó a su destino a comienzos de 1895, pero aún tuvo que esperar 6 meses hasta ser desempaquetada e instalada. Desde entonces ha ayudado con fidelidad a los católicos de la población en su deseo de dar culto a Dios. La titular de la iglesia es Sta. Bárbara y es una construcción elegante aunque sencilla y pequeña. El gobierno de México la declaró monumento nacional en 1987. Mide aproximadamente 20 m de largo, 5 de alto y 13 de ancho. El campanario y la cruz que sobre él se alza, elevan la altura máxima 6 metros más. La iglesia de Sta. Bárbara es una joya tanto desde el punto de vista arquitectónico como estético. Exteriormente la forman paredes verticales, de líneas simples y sin rebuscamientos, que intersectan con las diagonales del tejado. Su interior es agradable a la vista con una celosía de arcos góticos entrecruzando el techo y dando -a pesar de su aparente delicadeza- la fortaleza del acero de que está construida toda la estructura. Dos ventanales azules se abren en medio de esa maraña de nervios, dejando entrar sobre los visitantes y fieles luz coloreada que da la impresión panorámica del cielo estrellado. A través de ellos el cielo entra en la tierra de una manera metafórica. Realmente lo hace en el Sagrario. Tras el altar, maravillosas vidrieras narran escenas de la vida de Jesús con múltiples colores. La iglesia prefabricada de Santa Bárbara no sólo recuerda el ingenio y la religiosidad de Eiffel, sino también el destino de la inteligencia humana: la gloria y la alabanza a su creador. lecciones de la naturaleza y de la historia
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