|
principal conocenos Antonio mm.carmelitas anecdotas y reflexiones calendarios estampería Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica |
|
|
lecciones de la naturaleza y de la historia EL IMÁN Y EL HIERRO Dice S.Fco. de Sales que el hombre lleva en su naturaleza el ser atraído por Dios y que, cuando no experimenta esta atracción, es porque algo le pasa: algo no funciona en él. Y pone esta encantadora comparación: «También
en la naturaleza del hierro está ser atraído por el imán. Y cuando el imán
no atrae a un hierro es porque algo pasa: o es que entre ambos se interpone un
diamante, o es que el hierro está cubierto de grasa, o es que el hierro pesa
mucho, o es que está a demasiada distancia del imán.» Y concluye el santo: «Así
le ocurre al hombre. Cuando no siente el atractivo de Dios es: o porque entre
ambos se interponen las ríquezas (el diamante), o porque está sumido en el piélago
de la sensualidad (la grasa), o porque se fía demasiado a sí mismo (el peso),
o porque los pecados le han alejado de Cristo excesivamente la distancia).» Este
párrafo me parece que no hay que aplicarlo sólo a lo religioso, sino a todo lo
humano. Porque verdaderamente el hombre lleva el amor en su naturaleza. Lo
espontáneo, lo normal es que el hombre ame. Al hombre, si no hay unas razones
externas o internas que se lo impidan, el amor le sale de su naturaleza. Odiar
es lo extraño, amar lo natural. Bastaría con dejar al hombre a su naturaleza
para que toda su vida fuera un acto de amor. Entonces,
¿por qué no nos amarnos? ¿Por que tenemos que hacer un esfuerzo para amar? Me
parece que las cuatro razones de San Francisco de Sales son perfectas. El
hombre no ama, en primer lugar, porque supervalora sus intereses personales,
deja de «ver» a su prójimo. Algo se cruza entre mi prójimo y mi amor. Algo
frío, congelante. Algo que impide que mi amor salga de mí y llegue a su
natural destino. La
segunda razón por la que el hombre no ama o pervierte su amor es porque está
embadurnado de la grasa de su sensualidad. ¿Cuántos amores auténticos, magníficos,
no se han desgraciado porque una excesiva valoración de la sensualidad los ha
corrompido? El cuerpo puede ser y es de hecho un camino de amor. Pero su
supervaloración y su degradación puede ser esa grasa que incapacita al imán
para atraer al hierro. La
tercera razón es el propio peso. Si yo me supervaloro a mí mismo, ¿cómo voy
a amar a mi hermano? No hay amor, no hay imán que levante a un hombre
cargado de sí mismo. La
cuarta es la excesiva distancia. No amamos al prójimo porque estarnos demasiado
lejos de él. No le conocemos. No le vernos. Sólo cuando se está cerca de
alguien se le puede amar. Sólo se ama a quien se puede abrazar. Sólo se abraza
si se está cerca. Y así es cómo el imán no atrae al hierro. Así es corno el hombre no ama. Aunque el amor sea parte sustancial de su naturaleza. lecciones de la naturaleza y de la historia
|
|