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lecciones de la naturaleza y de la historia
EL GENOCIDIO DE LA VENDEE
El 8 de junio de 1793, en plena Revolución Francesa que en nombre de la
tolerancia desembocaría en un estado totalitario, mientras el populacho saqueaba
los templos por todas partes y entronizaba en ellos a meretrices como
expresiones de la diosa Razón, Robespierre proclamó la «Religión del Ser
Supremo». Se abolió el calendario, los nombres de los santos, e incluso las
campanas de los edificios religiosos. Las carretas atestadas de víctimas de la
guillotina serían un espectáculo incesante y habitual por las calles de París.
Pero el cuadro del horror alcanzaría su punto culminante con los asesinatos de
septiembre y las bárbaras torturas y vejaciones a que se recurrieron para
aplastar la reacción de los campesinos católicos de La Vendée.
La historia conocía ya abundantes ejemplos de guerras y represiones por motivo
de religión, que han sido terribles muestras de las crueldades a que a veces ha
llegado a lo largo de los siglos la intolerancia religiosa. Pero aquella bestial
represión de los católicos de La Vendée fue, como ha dicho Pierre Chaunu, la más
cruel entre todas las hasta entonces conocidas, y el primer gran genocidio
sistemático por motivo religioso. Y quizá lo más lamentable fuera que -también
por primera vez en la historia- esta masacre se llevó a cabo bajo la bandera de
la tolerancia.
El asunto no quedó en el frenético y sangriento sube y baja de la rasuradora
nacional que en su día inventara Guillotin. Al primer asalto en masa siguió una
fría organización del genocidio. En agosto de 1793, la Convención de París
expidió un decreto disponiendo que el Ministerio de la Guerra enviase materiales
inflamables de todo tipo con el fin de incendiar bosques, cultivos, pastos y
todo aquello que arder pudiera en la comarca. «Tenemos que convertir La Vendée
en un cementerio nacional», exclamó el general Turreau, uno de los principales
responsables de la matanza.
Como narra Hans Graf Huyn, fueron violadas las monjas; cuerpos vivos de
muchachas soportaron el descuartizamiento; se formaron hileras con los niños
para ahogarlos en estanques y pantanos; mujeres embarazadas se vieron pisoteadas
en lagares hasta morir, y en aldeas enteras los vecinos perecieron por beber
agua que había sido envenenada. Casi ciento veinte mil habitantes de La Vendée
fueron asesinados, y arrasadas decenas de miles de viviendas. La cuestión de
fondo de aquel enfrentamiento -como observa Jean Meyer- no estuvo en la
disyuntiva entre monarquía o república, ni fue un conflicto entre estamentos,
sino que consistió más
bien en la decidida intención de extirpar esas creencias sin reparar en medios.
lecciones de la naturaleza y de la historia
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