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SABANA SANTA

 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

lecciones de la vida humana

LOS VIEJOS PREJUICIOS TARDAN EN MORIR

El mundo se ha hecho pequeño, nos relacionamos con personas de diferentes credos y formas de pensar... Todos los que nos consideramos discípulos de Cristo sentimos la necesidad de la unión. Es el llamado «movimiento Ecuménico». Juan Pablo II ha dado firmes pasos en ese sentido así como representantes de otras grandes Iglesias cristianas. El testimonio de Paul Acton  descubre que en toda esa evolución siempre es Dios quien tiene la última palabra:

«Crecí en una familia fundamentalista. Aprendí el amor de Dios, la obra redentora de Cristo y la necesidad de la fe. También aprendí muchas cosas negativas de la Iglesia Católica. A pesar de haber experimentado la fe y amistad de buenos católicos, no creía sinceramente que se pudiera ser buen cristiano siendo católico. Y lo predicaba desde el púlpito, pues me había hecho pastor.

Cayó en mis maños un libro con escritos de los Padres Apostólicos, llamados así porque pertenecían a la generación posterior a la de los apóstoles. En contra de lo que esperaba encontré en ellos razones para dudar de todo lo que pensaba de la Iglesia Católica. Pasaron cuatro años y comencé a ver las cosas de forma muy diferente pero ¡qué difícil era el proceso! Había mucho que pensar, que reaprender. No me resultaba posible deshacerme de todas mis dudas. Como la Iglesia Episcopaliana (anglicana) reclamaba para sí el privilegio de ser una rama de la única Iglesia Católica me uní a ellos. Fui recibido cálidamente y ordeñado sacerdote en 1991. Serví en dos parroquias anglicanas estupendas pero me fui dando cuenta que mi casa espiritual estaba dentro de la Iglesia Católica Romana. La respuesta de mi madre a la noticia fue más o menos la esperada: «No puedes hacer nada peor. Ahora sí que has tocado fondo». No se lo reprocho porque yo hubiera reaccioñado de igual manera diez años antes.

Fui recibido en el seno de la Iglesia Católica junto con mi mujer y mis cuatro hijos en otoño de 1996. Sirvo desde entonces como capellán laico de las Fuerzas Armadas Canadienses. He recibido tantas bendiciones de Dios que me estoy preparando para recibir la ordenación sacerdotal (los sacerdotes casados conversos procedentes de las iglesias anglicana y ortodoxa pueden mantener su condición de sacerdotes y casados) en el seminario de S. Agustín de Toronto. Mi ordenación fue en el 2002».

 lecciones de la vida humana