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¿POR QUÉ
DESPRECIAMOS A NUESTROS SEMEJANTES? Helena pasó el verano de 1992 en Somalia. acompañaba a su padre, un cirujano al que Médicos Sin Fronteras había encomendado la dirección de un campo de refugiados. «Un día, nos contaba Helena en clase, al caer la tarde, llegó una desvencijada carretilla llena de cadáveres de niños somalíes. Los descargamos bajo un árbol frondoso y nos dispusimos a enterrarlos. Cuando toqué uno de aquellos cuerpos inmóviles, el niño se movió y abrió los ojos. Tendría diez años. Estaba paralizado por la debilidad, así que le acaricié y le abrí los labios para darle sales hidratantes. Pareció que volvía a la vida. Un poco de leche le reanimó algo más: dijo que se llamaba Mohamed, y que sus padres habían muerto días atrás. Él había pasado muchas horas tumbado junto a un vertedero, cubierto por una caja de cartón, esperando la muerte». Una televisión europea preguntó al padre de Helena por los responsables de la tragedia somalí: quiénes, ante quién, en qué medida. Helena nos leyó parte de la respuesta de su padre: «La tragedia tiene varias vertientes: la sequía, las luchas intestinas y el desprecio que Naciones Unidas y Occidente han mostrado ante un problema que era una muerte anunciada. Somalia es un ejemplo de desprecio al ser humano, de la falta de humanidad de la política internacional, que es insolidaria, hipócrita y cruel, quizá porque el país no tiene petróleo ni fuentes de energía importantes». «Existen responsables», concluyó Helena, «pero todo el mundo sabe que no existe autoridad internacional capaz de exigir responsabilidades personales a ciertos líderes políticos. ¿Quién hará entonces justicia a tantos miles de víctimas inocentes?» La pregunta de Helena está en el aire desde que, en palabras de Hobbes, «el hombre es lobo para el hombre». Y su respuesta ha comprometido a todos los grandes pensadores de la humanidad. Somos libres, nadie lo duda, todos lo reclamamos. Pero la responsabilidad es el precio que hemos de pagar por nuestros actos libres, la obligación de justificar nuestras acciones en la medida en que afectan a los demás. Ser responsable significa tener que responder de algo ante alguien. Desde Homero, ese alguien es, en última instancia, Dios fundamento último de toda responsabilidad. Sócrates y Platón puntualizaron que el hombre está medido por Dios. Sólo sentirse responsable ante el gran testigo invisible es lo que pone al hombre en la ineludible tesitura de colmar un sentido concreto y personal para su vida, y de ver que su existencia tiene un valor absoluto e incondicioñado. Porque tiene un alma inmortal que lo hace superior a un animal Y porque esa alma la creó Dios haciéndonos de esa forma hermanos. El olvido de estas verdades es la raíz de todas las violaciones de los derechos humanos.
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