|
principal conocenos Antonio mm.carmelitas anecdotas y reflexiones calendarios estampería Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica |
|
|
¿QUÉ TE ENSEÑAN TUS LIBROS? Somos lo que comemos dicen los dietistas. Pensamos lo que leemos, agregamos nosotros. Y el converso André Frossard parece darnos la razón: «¿Cómo hubiera podido yo aprender algo útil y verdadero sobre la Iglesia? Mis libros solamente me habían hablado de ella en términos difamatorios: se agarraban a sus pequeñeces y acentuaban sus faltas, olvidaban sus buenas obras e ignoraban sus grandezas [...). Esos libros míos citaban gustosamente a los inquisidores y a los papas pendencieros, pero nunca hablaban de los mártires ni de los santos [...]. No me habían dicho que la Iglesia nos había dado un rostro a quienes no sabemos con exactitud si somos dioses o gusanos cenagosos, si somos el adorno supremo del universo o un débil retorcimiento de moléculas en una parcela de fango perdida en un océano de silencio. Mis libros no me habían dicho que la Iglesia nos había salvado de todas las desmesuras a las que -indefensos- somos entregados desde que no se la escucha, o cuando ella se calla. No me decían que la Iglesia, por sus promesas de eternidad, había hecho de cada uno de nosotros una persona insustituible, antes que nuestra renuncia al infinito hiciera de nosotros un átomo efímero [...}. No me decían mis libros que sus dogmas eran las únicas ventanas horadadas en el muro de la noche que nos envuelve, y que el único camino abierto hacia la alegría era el pavimento de sus catedrales, gastado por las lágrimas.» Y como contrapunto a lo que no encontraba en sus lecturas nos deja el testimonio de su conversión inesperada: «¡Dios mío! Entro en tus iglesias desiertas, veo a lo lejos vacilar en la penumbra la lamparilla roja de tus sagrarios, y recuerdo mi alegría. ¡Cómo podría haberla olvidado! ¿Cómo echar en olvido el día en que se ha descubierto-entre los muros de una capilla hendida de repente por la luz- el amor desconocido por el que se ama y se respira; donde se ha aprendido que el hombre no está solo, que una invisible presencia le atraviesa, le rodea y le espera; que más allá de los sentidos y de la imaginación existe otro mundo, donde a su lado este universo material, por hermoso que sea y por insistente que sepa hacerse, no es más que vapor incierto y lejano reflejo de la belleza que lo ha creado! Porque hay otro mundo. Y no hablo de él por hipótesis, por razonamiento o de oídas. Hablo por experiencia.» |
|