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María entre nosotros

 

 

 

lecciones de la vida humana

NO PIENSES MAL

Dª Pura vivía con una pensión reducidísima que cada mes le pagaban con cinco reducidos billetes. Pero un día se la pagaron con un solo billete, y le entró el temor de que pudiera perderlo.

Al ir a pagar sus verduras se encontró con que, a pesar de todas sus precauciones o quizá a causa de ellas, el billete no aparecía. Revolvió su bolso. Pero nada. Hizo cinco veces el camino que había recorrido. Pero nada. La angustia se hizo dueña de su corazón. ¿Cómo podría vivir ahora los treinta horribles e interminables días del mes?

Después de clavar sin convicción en la cabina del ascensor una tarjetita en la que anunciaba que si alguien había encontrado un billete que hiciera el favor de devolvérselo, cenó y se fue a dormir. Pero su imaginación velaba. Y se acordó de que en una de sus ¡das y venidas, se había cruzado en la escalera con la otra viuda del cuarto y había comprobado que acababa de estrenar un precioso bolso de cuero. ¡Ahí estaba fundido su billete! Luego acusó a las dos chicas del tercero, ésas que volvían todas las noches a las tantas... Más tarde a su vecino del segundo, el carnicero malencarado, que la había mirado con una mirada aviesa y repulsiva en la escalera... Y luego a don Fernando, del que decían que vivía con una mujer que no era la suya. Y, luego, uno tras otro, pasaron por su mente todos los vecinos convirtiéndose en probabilísimos apropiadores de su billete.

A la mañana siguiente se le cayó un libro de la mesilla y de él salieron doce estampas y el billete... Pero la historia no acaba aquí. Porque cuando se disponía a salir jubilosa hacia el mercado, alguien llamó a su puerta. Era la viuda del cuarto, que había encontrado la víspera un billete en el ascensor. Luego llamaron a la puerta las dos chicas del tercero, que también ellas habían encontrado en la escalera otro billete. Luego el carnicero; y don Fernando y una docena de vecinos más, porque -¡hay que ver qué casualidades!- todos habían encontrado billetes en la escalera.

Y mientras doña Pura lloraba y lloraba de alegría, se dio cuenta de que el mundo era hermoso y la gente era buena. Y que la imaginación y el pensar mal hace mucho daño. Y nosotros somos las primeras víctimas.

lecciones de la vida humana