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lecciones de la vida humana

MORALMENTE INCORRECTO

     Nuestra época no es mejor ni peor que la de Sodoma y Gomorra, pero es diferente. Uno oye y lee tantas palabras soeces en las películas, la radio y en los libros, que los oídos y los ojos hacen caso omiso de ellas. Esto es lo que significa haber perdido la sensibilidad. Aparecen tantos cuerpos semidesnudos en las horas de máxima audiencia, que al televidente le pasa inadvertida la realidad de que se trata de personas, no sólo de cuerpos, y de que esas personas tienen voz, ideas y alma. He ahí la ausencia de sensibilidad.

    La escalada de la pornografía, del lenguaje obsceno, de la exhibición de distintas partes del cuerpo, y de varios grados de encuentros sexuales explícitos o sugeridos, sin mencionar la violencia, es simplemente alarmante. Y el problema estriba en que mucha gente se ha convertido en sorda y ciega ante las transgresiones que aparecen y se exhiben en los libros, las películas, los periódicos y la televisión. Cuando vemos series televisivas en horas de máxima audiencia que nos presentan lo inmoral, anormal o enfermizo como corriente, normal o sano acabamos aceptándolo como tal.

    Creemos que por el hecho de que todo esto sea imaginario, carece de consecuencias. «Es sólo televisión.» «Es sólo una revista.» «No es más que una estúpida película.»Ahí es donde realmente nos equivocamos. Qué duda cabe de que lo que vemos no es real, pero el efecto que causa en ti sí lo es. Piensas que el problema es de los actores, las actrices, los editores y los productores, pero tú no eres exactamente un inocente observador. Formas parte del espectáculo. Eres el personaje débil y frágil que se queda ahí sentado viendo y leyendo la fruta podrida de su labor. Tú eres quien recoge la basura en tu propio corazón. Tú eres quien alimenta tus propias debilidades. Dices que es todo imaginación y que no te afecta. Eres un ser adulto. Eres capaz de asimilarlo. Si crees que todo esto no te afecta, te estás engañando a ti mismo.

    Ésta es la razón por la que es importante que tomemos una ducha fría, intelectualmente hablando, y despertemos del truco de racionalizar los programas de televisión, las películas, las revistas y los libros que acostumbramos a ver y a leer. Dices que no tiene importancia, pero la tiene, porque es un pecado. Aunque sea «moralmente incorrecto» decirlo.

 

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