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MATRIMONIOS EN CRISIS Una persona unida en matrimonio debe crear con su cónyuge un núcleo común de sentimientos, ideas y valores. Pero cuando se sufre la carencia fundamental, la carencia de sentido, apenas se logrará transmitir al otro el angustioso vacío propio. Y el matrimonio vacío será un matrimonio frustrado. Es preciso poseer una fe religiosa que responda a los últimos porqués de la existencia humana. Esto representará el cimiento en que se fundamente un proyecto vital que impregne de sentido al trabajo, a la vida familiar y social y, sobre todo, al amor conyugal. Recuerdo que un día una señora, que ya había cumplido los cuarenta, me decía: «Soy muy insegura, miedosa. Lo que más me atrajo de la personalidad del hombre que luego sería mi marido era su seguridad en lo profesional. Era un médico que sabía bien lo que hacía. Quizá me casé con él por eso. Pero, pasados los años, ante la enfermedad grave de uno de nuestros hijos, y viendo que la medicina no encontraba la solución del problema, mi marido quedó completamente arrasado. Allí comprendí lo débil que era. No tenía convicciones profundas. Era católico por tradición, pero no practicaba. Se adhería a una especie de deísmo escéptico que le parecía muy acorde con su categoría científica, pero todo eso no era más que un barniz, una «pose» intelectual esnob. En el fondo era débil, más débil que yo. Por lo menos yo tenía fe, muy débil, es verdad, pero fe al fin y al cabo. Él no tenía dónde agarrarse. Al final fue nuestro propio matrimonio el que se hundió. Quería encontrar apoyo y fortaleza en mi marido, y solo encontraba angustia y pesimismo». Para superar esas crisis matrimoniales es necesario responder con acierto a estas preguntas: ¿Vivo para Dios o para mí mismo? ¿Comprendo que si vivo para mí mismo no tengo otro destino que la muerte, pero que si vivo para Dios debo ser coherente con los principios de mi fe? ¿Estoy orientando mi matrimonio de acuerdo con las directrices de mi fe? La respuesta a estas y otras preguntas pueden ser la primera etapa en el proceso de solucionar el más fundamental problema de la vida humana: despejar la incógnita de su destino eterno.
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