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lecciones de la vida humana

LECCIONES DEL VESTIDO

Hacia 1833 Walter Hunt (inventor del imperdible) construyó una máquina para hacer pespuntes, accionada por una manija. Se valía de dos hilos, uno encima y otro debajo de la tela, para formar un punto entrelazado. Una aguja con el ojo en la punta formaba bucles con el hilo superior a través de la tela y una lanzadera pasaba el hilo inferior a través de los bucles. Hunt vendió su invento al fabricante neoyorquino George Arrowsmith en 1834, pero por falta de capital no se comercializó.

En 1851 el mecánico de Nueva York Isaac Merrith Singer patentó la máquina de su invención que formaba un pespunte accionada por un pedal. Una rueda dentada hacía avanzar la tela entre las puntadas, y un prensatelas mantenía el tejido en su sitio. La aguja se movía verticalmente.

En 1858 Singer produjo el modelo ligero Family; sus máquinas anteriores habían sido pesados modelos industriales. Singer abrió fábricas en Europa donde obtuvo el mismo éxito y cuando murió en 1875 sus empresas estaban valoradas en 13 millones de dólares. En 1889 se introdujo el motor eléctrico. Las máquinas modernas pueden llegar a 7.000 puntadas por minuto y utilizan una boina de hilo mucho mayor que las máquinas de canilla.

Dice el Génesis que tras el pecado original Dios confeccionó vestidos de pieles para cubrir la desnudez de Adán y Eva y protegerlos del frío y de la intemperie. Bella manera de enseñarnos que los seres humanos nos cubrimos el cuerpo porque ya no poseemos la inocencia original y, según un filósofo japonés, porque el vestido nos diferencia de las bestias.

Aunque algunos o algunas se vistan -o se desvistan- como los animales, les guste o no, siempre serán diferentes de ellos porque poseen la conciencia y la libertad para obrar el bien o el mal. Nunca ha existido el hombre en «estado natural» porque siempre ha sido llamado al trato con su Creador, lo que rebasa el orden meramente material.

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