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lecciones de la vida humana

LA TRAGEDIA DE MACBETH

Esta obra de teatro fue compuesta por Shakespeare alrededor de 1605. Como casi todas las obras clásicas se presentan en ella al vivo las pasiones humanas: por eso son obras clásicas, porque presentan al hombre de hoy, de ayer y de siempre. Macbeth, la inolvidable tragedia de Shakespeare, es un retrato del hombre perdido en el vértigo de una pasión, ahogado en su propia inversión de valores.

Cualquier justificación de la injusticia -piénsese en las razones de los terroristas, de los partidarios del aborto o de la manipulación del hombre en cualquiera de sus facetas- apunta hacia esa meta. Es la propuesta de las tres brujas que incitan a Macbeth al asesinato al saludarlo como el futuro rey. Su lema es: «Lo bello es feo, y lo feo es bello>,. Por tanto, se puede pisotear la conciencia. Y Macbeth, con la complicidad de su mujer, asesina a su rey, Duncan. Pero como el crimen llama al crimen ordenará la muerte de Banquo, general también y compañero de batalla, simplemente porque las brujas le habían profetizado que sería padre de un rey. Y Macbeth no desea, rivales lo que recuerda un poco el caso de Herodes y la matanza de los inocentes. La historia se repite.

Pero la conciencia pisoteada se revuelve contra él y le produce la picadura venenosa del remordimiento. Ve por los rincones las sombras de Baquo asesinado.

De forma casi vertiginosa, el protagonista y su mujer se ven envueltos y absorbidos por su culpabilidad progresiva, al intentar alcanzar a cualquier precio el poder. Shakespeare nos muestra la tragedia de dos personas con ambición sin límites. Más en concreto, la obra es una reflexión sobre la naturaleza de la conciencia y las consecuencias de su trasgresión.

Su mujer le anima a resistir: «Que se bloqueen todas las puertas al remordimiento, porque si damos a esto tanta importancia, nos volveremos locos»,. Palabras que se cumplieron en ella al pie de la letra: muere loca, obsesionada por su asesinato.

Los grandes personajes literarios que han intentado sepultar la conciencia -entre otros, Macbeth, Rodian Raskolnikov en Crimen y castigo, Lobo Larsen en El lobo demar- han pagado siempre las consecuencias de sus propios actos. Sus vidas trágicas nos enseñan que nadie debe amordazar la conciencia con la esperanza de triunfar, pues fuera de la ley moral no se hacen más grandes: al contrario, se sienten atrapados en un cerco que cada vez se estrecha más. El hombre sin conciencia suele acabar como una bestia acorralada.

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