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lecciones de la vida humana

CUANDO SE CIERRAN LAS PUERTAS

Son millones los seres humanos que nacieron para una cosa y se ven empujados a hacer otra. Millones los que han visto cerrar entre sus narices la puerta de sus sueños. Soñaron ser médicos y son ahora oficinistas. Pensaron ser pintores, están de empleados de banco. Aspiraron a la gloria y, al final, se sienten dichosos con poder ganar en cualquier trabajo su pan.

¿Qué hacer entonces? ¿Romperse la cabeza contra la puerta que nos han cerrado? ¿Aceptar la depresión como supremo masoquismo? ¿Pasarse la vida llorando por la ilusión perdida?

Recuerdo haber oído, hace ya muchos años, una frase de Juan XXIII que me marcó profundamente: «Es signo de los mejores servidores de Dios el estar haciendo algo diferente de aquello a lo que se sentían llamados.» Y esto, que el Papa refería al mundo del espíritu, puede también decirse de un alto porcentaje de los mejores genios de la Humanidad.

La verdad es que haberse encontrado con una o muchas puertas cerradas en aquello que más amábamos es ley casi inevitable de la Humanidad. Son pocos los que tienen la impagable fortuna de poder entregarse siempre en línea recta a lo que soñaron. Los más caminan con líneas torcidas, con vericuetos, con dos pasos adelante y uno atrás.

Todos -yo también- podríamos contar muchas historias de fracasos, atascos o incomprensiones. Todos hemos tenido una mañana o una tarde en que nos pareció que nuestra vida había sido tronchada. Y hasta podría asegurarse que quienes más anduvieron en su vida son los que con más puertas cerradas se tropezaron. El problema no está, pues, en si la vida es fácil o difícil, sino en cómo reaccionamos ante los obstáculos. 

Por si a alguien le sirve voy a recoger aquí el consejo que alguien me dio a mí siendo yo un muchacho y que me ha funcionado bastante bien durante mi vida: «Si un día te cierran una puerta, la solución no es romperte la cabeza contra ella, sino preguntarle si no habrá, al lado de ella y en la misma dirección, alguna otra puerta por la que puedas pasar. En la vida hay que aceptar a veces salidas de emergencia, aunque nos obliguen a dar un pequeño rodeo. Procura, al mismo tiempo, tener siempre encendidas tres o cuatro ilusiones; así, si te apagan una, aún tendrás otras de las que seguir viviendo. Distingue siempre entre tus ideales y las formas de realizarlos. Aquellos son intocables, éstas no. Si alguien te pone obstáculos a tu ideal, pregúntate si se opone de veras a tu ideal o a la forma en que estás realizándolo. Y no veas problema en cambiar de forma de buscarlo, siempre que sigas buscando el mismo ideal. Aprende en la vida a ser terco y tenaz, pero no confundas la tenacidad con la cabeza dura. No cedas ni en tus ideas ni en tus convicciones, pero no olvides que una verdad puede decirse de mil maneras y que no siempre vale la pena sufrir por ciertos modos de expresión. Y cuando llegue una ola que es más fuerte que tú, agáchate, déjala pasar, espera. Y luego, sigue nadando.»

JLMD

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