principal        conocenos       Antonio   mm.carmelitas      anecdotas y reflexiones    calendarios   estampería  Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

                                          
Textos en formato pdf
libros
anteriores año 2008
Hojas  Culturales
María entre nosotros

 

 

 

sentido de la vida

UNA PUERTA QUE SE ABRE

Desde hace un par de semanas yo tengo un nuevo ángel de la guarda, que se llama Nunchi. Es un ángel bastante diferente de los habituales porque es una máquina de diálisis. Lo visito tres veces por semana porque es un ángel muy importante para mí: vigila mi vida, cuida mi corazón, lava mi sangre, pesa mis esperanzas y mis sueños. Yo estoy atado a él por dos tubos de plástico, a través de los cuales mi sangre y la suya se vuelven una sola.

La he llamado Nunchi porque se me apareció por vez primera el día de la Anunciación, que este año, para más simbolismo, era martes santo. Me habían anunciado su venida hace ya más de dos años, pero me confirmaron que vendría -como si hubieran elegido bien los símbolos- el día de mi santo -¿un buen regalo? y en el aniversario de mi ordenación. A lo mejor por todo eso la quiero un poco más.

He dicho que la quiero, no -claro- que me resulte agradable o simpática. No está, ciertamente, fabricada en una confitería. Pero tampoco es tan terrible como me la pintaban, sobre todo cuando uno piensa que gracias a ella estoy viviendo. Realmente sólo una noche la odié: la siguiente a la primera sesión, porque me puse a pensar y me vine abajo como un idiota. ¿Toda la vida esclavo de sus émbolos? ¿Dejaría en sus manos un cuarto de lo que de vida me restase? No era el dolor el problema. En realidad, no es mucho. Pero sí lo era la esclavitud, el ir dejando entre sus tubos trozos de libertad, viajes, proyectos... Además, me decía, no vas a poder permitirte ni el lujo de estar triste, tú, que te has pasado la vida hablando de alegría. ¿Dónde vas a alquilar ahora la sonrisa?

Fue, por fortuna, solamente una noche. Luego empecé a pensar y regresó la paz y una forma -distinta- de alegría. Por de pronto, la de los amigos: ¡qué bien sentirte tan querido! Ahora lo sé: lo mejor de mi vida han sido mis amigos. Y mis hermanos, que van en cabeza de toda amistad. Y las tres enfermeras que me sirven ahora de arcángeles provisionales.

Además, voy aprendiendo de la máquina muchísimas cosas. Durante esas cuatro horas de cada sesión uno tiene tiempo para pensar mucho. Tiene toda la razón este cura amigo que me escribe para contarme que también él es compañero de máquina, que también él ha «saboreado hasta la saciedad el dolor de ir perdiendo poco a poco jirones de libertad»; pero que «en las largas horas de los tubos enchufados ha aprendido que la máquina puede mantenerte en la vida, pero sólo el amor de Dios puede permitirte vivirla en plenitud». Sí, es verdad. Todo es gracia. Nunchi es una puerta que se abre.

JLMD

 

sentido de la vida