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María entre nosotros

(Presentación en PWP no automática)
SABANA SANTA

Nati Crespo Aguilar
pinturas

Marilú Capín de Aguilar
poesías

 

 

 

 

sentido de la vida

LOS POLÍTICOS TAMBIÉN MUEREN

Desde Nerón, la lista de adversarios mortales del Dios cristiano es larga, y el fin de todos ellos es común: el cementerio. Mientras tanto, la Iglesia acumula veinte siglos de vida, y desafía todas las leyes que rigen la supervivencia histórica de las instituciones. Este sencillo y asombroso dato sería una buena lección para gobernantes atacados de cierta furia iconoclasta.

Kant decía que Dios es el ser más difícil de conocer, pero también el mas inevitable. A poco que pensemos, nos resulta inevitable por varias razones. De entrada, porque nos gustaría saber quiénes somos, descifrar el misterio de nuestro origen. En segundo lugar, nos preguntamos sobre Dios, porque desconocemos el origen de un universo cuya existencia escapa a cualquier explicación científica. Dice Stephen Hawking que la ciencia, aunque algún día logre contestar todas nuestras preguntas, jamás podrá responder a la más importante: por qué el universo se ha tomado la molestia de existir. Un universo que se nos presenta como una gigantesca huella de su Autor. De hecho, aunque Dios no entra por los ojos, tenemos de Él la misma evidencia racional que nos permite ver detrás de una vasija al alfarero, detrás de un edificio al constructor, detrás de un cuadro al pintor, detrás de una novela al escritor. Está claro que el mundo no es problemático porque haya ciegos que no puedan verlo. El problema no es el mundo, sino la ceguera. Con Dios sucede algo parecido, y no es lógico dudar de su existencia porque algunos no le vean.

Nos preguntamos sobre Dios porque estamos hechos para el bien, como atestigua constantemente nuestra conciencia. Estamos hechos para el bien y para la justicia. El absurdo que supone, tantas veces, el triunfo insoportable de la injusticia, está pidiendo un Juez Supremo que tenga la última palabra. Sócrates dijo que si la muerte acaba con todo, sería ventajosa para los malos.

También estamos hechos para la belleza, para el amor, para la felicidad... Y, al mismo tiempo, comprobamos que nada de lo que nos rodea puede calmar nuestra sed. Por último, buscamos a Dios porque vemos morir a nuestros seres queridos y sabemos que nosotros también vamos a morir.

Después de apuntar brevemente los motivos por los que el ser humano busca a Dios, entendemos a Pasea¡ cuando afirma que sólo existen dos clases de personas razonables: las que aman a Dios de todo corazón porque le conocen, y las que le buscan de todo corazón porque no le conocen. La realidad suele ser tozuda, y la realidad de Dios no lo es menos: si es expulsado por la puerta, entrará por la ventana, y si se le arroja por la ventana, entrará por la puerta

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