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LA PIRÁMIDE ¿Sabría
usted sentarse a la mesa y dibujar sobre una cuartilla la pirámide de su vida?
¿Podría precisar cuál es, con exactitud, su escala de valores? ¿Podría dar
cuenta de dónde está el verdadero centro de su alma y cuáles son, en cambio,
sus suburbios? No
estoy formulando preguntas retóricas, sino cuestiones que todo ser medianamente
vivo debería poder responder sin vacilación alguna. Pero lo asombroso es que
la mayoría de los humanos vivimos sin habernos planteado jamás cuestiones que
deberían ser elementalísimas: ¿Qué es para mí el prestigio? ¿Qué
importancia doy, de hecho, al éxito? ¿Qué significa el dinero en mi escala de
valores? ¿Antepongo mi trabajo a mi familia? ¿Qué ocupa mayor parte de mis
energías vitales: mis ideas o mi prójimo? ¿Qué me dolería más perder: mis
esperanzas o mis amistades? Planteo
todo esto al hilo de una lectura de Charles du Bos. Porque hay un momento en la
vida del escritor francés en el que descubre que se está produciendo un giro,
una mutación en su escala de valores. «Hasta ahora -dice- mi trabajo se cernía
sobre mí; ahora yo me cierno sobre mi trabajo.» Y descubre que «el prestigio
y el valor del prestigio han ocupado un puesto demasiado importante,
desproporcionado», en su vida. Y que debe instaurar una nueva pirámide de
valores en su existencia, porque quiere que, en el futuro, estén «Dios en la
cumbre; después, su mujer y su hijita; en seguida, inmediatamente después del
amor a los suyos, mas por encima de su trabajo, la esfera inmensa de pertenencia
al prójimo y no menos las tareas nacidas de la comunidad». Este
«giro» de valores es normal -y obligado- en todo hombre medianamente
consciente. Que en la juventud uno idolatre el éxito es casi inevitable. Que
uno conceda en los comienzos de la hombría un Pero
¿qué porcentaje de humanos tiene de veras-de veras su centro en «la esfera
inmensa de pertenencia al prójimo y a la comunidad»? Por
eso me parece tan importante el comenzar a aclararse -ya desde la juventud- cuáles
son los verdaderos ejes de nuestra vida. Porque, si invertimos la pirámide de
las cosas importantes, acabaremos aplastados por su propio peso. JLMD
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