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LA BELLEZA DEL BIEN Hay quien disfruta haciendo sufrir a un pobre conejo y quien disfruta torturando a un hombre. Esto no es opinable: simplemente nos dice que se puede deformar el sentido moral natural. Nadie dudaría en calificar de degenerado al hombre que disfruta haciendo sufrir a otros. Para Aristóteles, educar a un hombre era enseñarle a amar lo bello y a odiar lo feo. Se trataba de orientar y reforzar las reacciones naturales ante las acciones nobles e innobles. Los griegos pensaban que la belleza era el fundamento de la enseñanza moral. Por eso, querían que sus hijos admirasen y decidiesen imitar los gestos heroicos de su tradición patria, que les transmitía la literatura y la historia. De hecho, pensaban que la finalidad tanto de la literatura como de la historia debía ser esta: educar moralmente a los más jóvenes. Es evidente que esto supone una idea muy alta de lo que es el hombre. Supone también creer que hay un modo de vivir digno del hombre, y que educar consiste en ayudar al niño para que ame ese modo de vivir y adquiera las costumbres que le permitan comportarse así. A veces, nuestra civilización duda de esto. No está segura de que hava un modo de vivir moral, digno del hombre. Y por eso no sabe educar: sabe instruir: es decir, informar al niño sobre muchas cuestiones: sabe informarle sobre las órbitas de los planetas, la función clorofílica o la revolución francesa. Sabe enseñar al joven la mejor manera de ganar dinero y por eso los diarios publican de vez en cuando el baremo de profesiones más buscadas que suelen coincidir con las mejor remuneradas. Pero no sabe decir al adulto de mañana qué es lo que debe hacer con su vida y cuál es el sentido de ella. Sin embargo, el lenguaje de la belleza que descubrieron los griegos sigue vigente porque el hombre no ha dejado de ser hombre. Sigue siendo verdad que hay acciones bellas y nobles, y acciones feas e innobles. Las primeras nos confirman que existe la dignidad humana las segundas también, porque, si podemos decir que algo es innoble e indigno de un hombre, es precisamente porque tenemos alguna idea de lo que es noble y digno. Y esto nos lleva a una conclusión: si existe un modo de vivir digno del hombre, vale la pena hacer todo lo posible para encontrarlo. Sería una pena dejar transcurrir la vida y no haberse enterado de lo más importante, aunque no sea fácil.
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