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IDEAL A SALVO DE FRACASO

         El idealista fantástico es magistralmente descrito por Cervantes en El Quijote. No todos los idealistas son tan ridículos. Pero en cierto modo encontramos bastantes que lo son. Pierden las ocasiones reales a causa de sus nobles ideales. Su vida es siempre trágica. El realista Sancho Panza representa la figura opuesta a Don Quijote. No tiene ideales. Estima sólo aquello que ve y que le puede traer beneficios materiales. En la vida encontramos muchas personas así. Perdieron enseguida sus ideales juveniles. ¿Se ha hecho la vida gris y prosaica? Soportémosla, no hay nada mejor. 

El revolucionario es un idealista que desea una sociedad mejor y para conseguirlo aspira a destruir el viejo orden para comenzar a crear uno  nuevo. «Destruir es crear», decía Bakunin, prototipo de los revolucionarios rusos. Estas per­sonas son capaces de sacrificio, son activas, creen en un mundo mejor. ¿El resultado de sus esfuerzos? Se dice con ironía: todos los revolucionarios se hacen burgueses cuando llegan al gobierno y visten traje. ¿Y si no llegan a gobernar? Terminan siendo idealistas fantásticos y, sin embargo no inocuos como Don Quijote. Son capaces de matar a los demás por su "ideal". 

El hombre de elección única al principio soñaba con hacer muchas cosas, pero entendió que quien mucho abarca, poco aprieta. Decide hacer una elección decisiva a favor de un solo ideal, abandonando todo lo demás como de poco valor. Si acierta puede llegar a destacar en su especialidad. Si la elección es la equivocada, su vida termina como la tragedia del que comenzó a construir su casa sobre arena, según la parábola del evangelio . Todos los fanáticos y muchos locos hacen este tipo de elecciones radicales pero sin fundamento. 

Para el cristiano tener ideales es lo mismo que tener esperanza. Cree que en Jesucristo, Verbo de Dios, se encuentran todos los ideales de verdad, de bondad, de belleza. No son "sueños", sino realidad divina. Cree en los ideales, no los pierde, y al mismo tiempo está convencido de su realización progresiva. Con el cuepo vive sobre la tierra, con la mente "habita en el cielo", sabiendo, sin embargo, que el cielo y la tierra están destinados a unirse y que él, en Cristo, participa en esta gran empresa histórica y cósmica. Tiene el éxito asegurado. Por eso la fe en Cristo es fuente inagotable de optimismo vital.

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