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sentido de la vida

EL POLLINO ARISCO (Cuento)

Decir que un asno es terco no es ninguna novedad aunque sea uno de sus primos, la mula, el que se lleve la peor parte: «Eres terco como una mula». De hecho la terquedad del mulo o la mula procede de lo que tienen de burro o burra.

En cualquier caso el pollino del que os quiero hablar era algo diferente a todos los demás. Los pollinos serán tercos pero son útiles: buenos porteadores de personas o bultos por caminos difíciles o no tanto, el asno del que deseo hablar cargaba con todo lo que le echaran: sacos de trigo, piedras, agua, leche... Todo menos personas. Hombre, mujer o niño que había intentado montarlo lo había tirado al suelo. Por eso tuvo tantos amos.

El primero fue un molinero al que ayudó a girar la noria y a transportar trigo. Hasta que su hijo se subió un día a su lomo lo lanzó y el muchacho se rompió una pierna. El molinero se deshizo de él y lo vendió a un picapedrero al que ayudó con eficiencia en el traslado de calizas y otros útiles para la construcción. Hasta que su esposa quiso ir al mercado del pueblo a sus lomos y la lanzó con sus capazos a tierra. El picapedrero lo vendió a un aguador al que ya advirtió de esa mala costumbre del pollino. El aguador lo utilizó para transportar sus recipientes de agua hasta que un día muy caluroso en que se hallaba sudoroso y cansado pensó que lo que no habían conseguido los demás lo podría conseguir él. Subido al pollino anduvo algunos pasos y ya se regocijaba de su victoria cuando se vio de bruces en el suelo junto con varios botijos rotos. El aguador lanzó un montón de improperios mientras propinaba una paliza al pobre asno. Un negociante en leche que pasaba por allí, compadecido, detuvo, el brazo del aguador.

-¿Por qué le pegas?

-Este pollino maldito me ha tirado al suelo a mí y a mis botijos. Se merece que le maten.

-Pobrecillo, ¿no te ha servido bien hasta ahora?

-Sí, pero el muy endemoniado no se deja montar.

-¡Qué extraño! Es el primer asno del que oigo esto. Acarrea bultos pero no personas. ¡Algo especial debe tener!

-¡Especial, especial! ¡Lo que tiene de especial es que va a morir por los palos que le propinará Simón el aguador! Y prosiguió la paliza mientras el asno rebuznaba lastimero de dolor e intentaba defenderse como podía dando coces al aire

-Te lo compro Simón.

-Ni dinero quiero por él. Regalado te lo doy Jonás. Llévatelo. No lo quiero ver más.

Y Jonás el lechero fue el último propietario que tuvo el pollino de nuestra historia. Mucho advirtió a los miembros de su familia que no debían montarlo. Por eso con él trabajó varios años en paz, llevando leche a los vecinos de la barriada de Jerusalén en que vivía. Hasta que una mañana, en que ya se disponía a ir a repartir a sus clientes la leche recién ordeñada, observó que unos hombres desataban el pollino y se lo llevaban sin encomendarse a nadie.

-¡Qué hacéis con mi asno! -les dijo en tono amenazador.

-Lo necesita el Señor -le contestaron.

-¿Pero qué garantías son esas? ¿Y de quién habláis?

-El Señor que nos envía nos ha dicho que encontraríamos atado un pollino aquí, un pollino que nunca lo ha montado nadie. ¿Es cierto esto?

Algo extraño resonó en el interior de Jonás. ¿Cómo sabían que nadie lo había nunca podido cabalgar? Y además esa palabra: El Señor. Siempre había sido un fiel judío cumplidor de la ley. Y cuando le dijeron «Lo necesita el Señor» sin saber por qué asoció esa palabra al Dios de sus padres al que siempre había servido fielmente. No opuso resistencia.

-Lleváoslo, pues.

Y vio alejarse aquellos hombres fornidos con su querido asno. Tenía el presentimiento de que ya no lo volvería a ver más. Pero interiormente estaba feliz.

El resto de la historia puede imaginárselo el lector. El pollino arisco de nuestra historia, que no se dejaba montar por nadie, fue quien llevó a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén el Domingo de Ramos. Sólo por Dios hecho hombre se dejó montar. Y dicen que el día en que murió crucificado el Señor lo encontraron muerto en el olivar de Getsemaní.

Aquel pollino extraño había sido creado con un único objetivo: llevar al Señor en su entrada triunfal en Jerusalén. Todos hemos sido creados con un objetivo: ir al cielo siguiendo el sendero que Dios tiene trazado para cada uno. ¿Sabes cuál es el tuyo?

sentido de la vida

 

JAC