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CÓMO LEVINE REENCONTRÓ A DIOS Levine es un personaje de una novela del escritor ruso Tolstoi. En este pasaje narra cómo un criado le abrió los ojos sobre el verdadero sentido de la vida. «Un día le sorprendió una frase de Fedor, uno de los empleados de su finca: -
Los hombres no son todos iguales; este vive para su estómago, ese otro
vive para Dios. -¿A qué llamas tú vivir para Dios?, casi le gritó Levine. -Es
muy sencillo: vivir de acuerdo con lo que Dios quiere... o sea, de acuerdo
con la verdad. -Si, si, ya he entendido lo que quieres decir, balbució Levine, fuertemente conmovido por dentro... Vivir para Dios, de acuerdo con la verdad... Estas
palabras de su empleado encontraban eco en su corazón, y una serie de
pensamientos confusos, pero que le parecieron fecundos, se comenzó a
agitar dentro de él, como escapados de algún rincón de su interior
donde habían estado reprimidos por mucho tiempo, para ahora venir a
envolverle con una nueva claridad... »Levine
avanzaba a grandes pasos carretera adelante, dominado por una sensación
completamente nueva; las palabras de su empleado habían producido en su
alma el efecto de una descarga luminosa, y el conjunto de ideas vagas y
oscuras que lo dominaban parecían condensarse, llenando su corazón de
una inexplicable alegría... Y decía para sí: "es necesario que me
recoja, tengo que sintetizar mis impresiones y comprender la causa de mi
felicidad... En otro tiempo creí que en mi cuerpo se daba una evolución
de la materia de acuerdo con las leyes físicas, químicas y fisiológicas;
evolución, lucha incesante que se extiende a todo, a los árboles, a las
nubes, a las galaxias... pero, ¿a qué llega esa evolución? ¿Es posible
luchar contra el infinito...? Y me admiraba, a pesar de mis supremos
esfuerzos, el hecho de no encontrar nada en ese camino que me mostrara el
sentido de mi vida, de mis impulsos y aspiraciones. »¡No vivir para sí mismo, sino para Dios! ¡Cómo he comprendido las palabras de Fédor...! Yo y otros miles de hombres ricos y pobres, sabios e ignorantes, en el pasado y en el presente, estamos de acuerdo en que es necesario vivir para Dios... y no sé por qué razón. »Y
yo que buscaba un milagro para convencerme... ¡Aquí está el milagro! No
lo había notado y me rodea por todos lados... Creo que desde ahora voy a
dejar de sufrir. »Cuando
Fédor me dijo: vivir para Dios... sentí una inmensa alegría... Pero
creo que no he descubierto nada.. Ya
lo sabía, simplemente he vuelto ahora a reconocer esa fuerza que en otro
tiempo me daba la vida y que hoy me la ha vuelto a dar. ¡Me siento libre
de mis errores! ¡Soy señor de mí mismo! »Me
he distraído con tantas teorías... pero a la hora de la verdad era a
Dios a quien clamaba. Ahora siento que mis rebeldías pueriles han sido
perdonadas... Sí. La razón no me ha enseñado nada sustancial, lo que
conozco de más profundo me ha sido "dado", "revelado"
por la fe y por las enseñanzas de la Iglesia... »Ahora
mi vida interior ha conquistado su libertad. No estará más a la merced
de los acontecimientos, y cada minuto de mi existencia ha de tener un
sentido incontestable y profundo. »Y lágrimas de agradecimiento y alegría comenzaron a brotar de sus ojos».
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