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VERDADERA
AMISTAD: FÁBULA Y REALIDAD La verdadera amistad es algo que se da muy raras veces en el mundo en
que vivimos. Cómo debería ser nos lo narra el fabulista Lafontaine en una de
sus fábulas. Dos hombres eran amigos desde hacía muchos años. Juntos había
arrastrado peligros y compartido éxitos; se habían ayudado en momentos de
penuria y compartido la abundancia. Y su amistad había contagiado a sus
esposas y a los hijos de ambos. Ocurrió, pues, que una noche que ambos estaban
durmiendo en sus respectivas casas uno de ellos se despertó sobresaltado y,
abandonando el lecho, se vistió a toda prisa y salió corriendo en dirección a
la casa de su amigo. Cuando llegó, la mansión aparecía tranquila y no se oía el más
leve rumor; pero golpeó la puerta, despertando a los criados y a toda la
familia. Le abrieron al momento y en cuanto entró se dirigió hacia la
habitación
de su compañero, que, asombrado, ya se había despertado y corría a su
encuentro con una bolsa de dinero en la mano y armado hasta los dientes. Al
verlo le dijo: -No eres hombre que acostumbre correr a estas horas de la noche sin
tener un motivo para ello, pues eres lo bastante inteligente para aprovechar las
horas destinadas al sueño. Así pues, ¿qué te ocurre? ¿Has perdido tal vez
tu dinero en el juego? Si es así, aquí tienes mi bolsa. Si estás en algún
apuro o te persiguen tus enemigos, tengo mi espada a punto para batirnos
juntos. Ya sabes que estoy a tu lado para todo. Pero su amigo le contestó: -No es nada de eso que has dicho; te agradezco tus ofertas, pero la
cosa es mucho más simple. Estaba durmiendo y he soñado que te hallabas
preocupado y triste por algún motivo; por eso, temiendo que fuera así en
realidad, he venido corriendo y he puesto en conmoción toda tu casa. Este
maldito sueño Así
debería ser la verdadera amistad: adivina los deseos y las necesidades en
el mismo fondo del corazón, sin que haya necesidad de explicarlas; es vigilante
de la seguridad de aquel a quien se quiere de verdad. Una amistad, un amor así lo manifestó la Virgen María hacia la pareja de recién casados en las bodas de Caná: se dio cuenta de su apuro sin que nadie se lo dijera y buscó una solución humanamente imposible: pedir a Jesús que realizara su primer milagro. Como hace ahora con nosotros. |
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