principal        conocenos       Antonio   mm.carmelitas      anecdotas y reflexiones    calendarios   estampería  Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

                                          
Textos en formato pdf
libros
anteriores año 2008
Hojas  Culturales
María entre nosotros

 

 

 

amor, misericordia, perdón

INSEPARABLES

 Los dos mandamientos que resumen toda la Ley y los profetas: «Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo», eran conocidos para los judíos; Jesús introduce la novedad de ponerlos al mismo nivel: así nos enseña que el amor al prójimo es inseparable del amor a Dios. San Juan se hace eco de esta enseñanza al escribir su primera carta: «Nadie puede decir que ama a Dios a quien no ve, si no ama a su hermano a quien ve» (1 Jn 4,20). El Dios invisible ha querido ser visto y amado en los hermanos. Si no amamos, u odiamos, al hermano, cerramos el paso del amor divino y Dios se retira; no nos será posible entonces amar a Dios de veras, porque Dios es amor y en este caso el amor estará ausente de nuestro corazón.

Había un monasterio que había dejado de ser un foco de vida espiritual, como lo había sido antaño. Los pocos monjes que quedaban habían envejecido y cumplían rutinariamente sus obligaciones religiosas. Preocupado por esta situación, el padre abad fue a visitar a un ermitaño que vivía lejos para que le explicara por qué sucedía todo aquello. El ermitaño le contestó: «Habéis cometido un grave pecado de ignorancia, porque uno de vosotros es Jesucristo disfrazado, y vosotros no lo sabíais». En el viaje de regreso, el abad iba pensando qué monje de la comunidad podía ser el Jesús. ¿Sería el portero? No, tenía mal carácter; ¿sería el bibliotecario? No, le gustaba murmurar; ¿sería el cocinero? No, le costaba cumplir las obligaciones corales; ¿sería él mismo? ¡Ay, no!, se consideraba la persona más indigna del mundo. ¿Y si todo aquello que él veía como defectos era precisamente el disfraz bajo el que se ocultaba el Mesías? No podía saber de quién se trataba.

Cuando llegó al monasterio, reunió a la comunidad y explicó lo que el ermitaño le había dicho. Como nadie sabía quién podía ser, decidieron tratarse todos mutuamente con una  exquisita caridad. El resultado fue que la vida espiritual se reavivó, volvieron a venir nuevas vocaciones y aquel monasterio se convirtió otra vez en un foco de irradiación del Espíritu. ¿Quién será, pues, el Mesías: el que se sienta conmigo en el banco, el vecino de enfrente, el compañero de trabajo, el inmigrante que busca mejores condiciones de vida, el enfermo a quien nadie visita? En todos y cada uno de ellos se hace presente Dios que nos ama y quiere ser amado en el prójimo.

 

Joaquim Messeguer

 

amor, misericordia, perdón