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María entre nosotros

 

 

 

amor, misericordia, perdón

EL ÁRBOL AMIGO

Nuestro Señor Jesucristo dijo poco antes de morir: « No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos''. De algo de eso nos habla este cuento.

Erase una vez un árbol muy querido por un niño. A diario iba a verlo, se subía a su tronco, se balanceaba en sus ramas y comía de sus frutos. Pasó el tiempo y el árbol muchas veces se quedaba solo. Un día regresó el niño, ya joven, y el árbol le dijo: «Acércate, niño mío, sube a mi tronco y balancéate en mis ramas, come de mis frutos, juega a mi sombra y sé feliz».

«Ya estoy demasiado crecido como para subir a los árboles y jugar, dijo el joven. ¡Quiero dinero! ¿Puedes tú darme dinero». Toma mi fruta, niño mío, y véndela en la ciudad. Así tendrás dinero y serás feliz.» Entonces el niño subió al árbol, recogió toda la fruta y se fue con ella. Y el árbol se alegró. Estuvo mucho tiempo sin volver ....

Un día volvió y el árbol exultó de alegría y dijo: «Acércate, niño mío, sube a mi tronco balancéate en mis ramas, y sé feliz».«Tengo mucho que hacer; no me queda tiempo para subir a los árboles», respondió el niño, que ya se había hecho un hombre. «Quiero una casa donde guarecerme», continuó. ¿Puedes tú darme una casa?» «Puedes cortar mis ramas construirte la casa..." El hombre cortó todas las ramas y se las llevó para hacerse una cas Y el árbol se alegró.

Cuando regresó al cabo de mucho tiempo, el árbol se puso tan contento, que apenas lograba decir palabra. «Acércate, niño mío», murmuró por fin, «ven a jugar». Soy demasiado viejo y estoy demasiado triste como para jugar, quiero una barca para huir. ¿Puedes tú darme una barca?

,Corta mi tronco y hazte una barca», dijo el árbol. Entonces el hombre ya entrado en años cortó el tronco y se hizo una barca para huir. Y el árbol fue feliz..., aunque no del todo.

Mucho, pero que mucho tiempo después, volvió otra vez, ya anciano. «Lo siento, niño mío dijo el árbol, «pero ya no me queda nada que darte... Te lo he dado todo. ¡Lo siento muchísimol. Me gustaría poderte regalar algo..., pero no soy más que una vieja cepa.» «Ya no necesito demasiadas cosas», dijo el anciano. «Sólo un sitio tranquilo donde reposar. Me siento muy cansado.» <,Pues bien, dijo el árbol, una vieja cepa es todo lo que necesitas para sentarte y reposar. Acércate, niño mío, siéntate. Siéntate y reposa». Así lo hizo y el árbol fue feliz.

 

amor, misericordia, perdón