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María entre nosotros

 

 

 

alegría, esperanza, felicidad

¿SOMOS AGRADECIDOS?

Aprendí de un hombre de 77 años, a quien conocí en uno de mis viajes, su manera de dar gracias al Señor cada mañana. Decía:

«Me despierto. Permanezco quieto unos instantes. Luego muevo los dedos de los pies. Si se mueven, cosa que ha ocurrido hasta ahora de lo contrario no lo estaría contando, digo: "Gracias, Señor, por este nuevo día que me das de vida"».

¿Verdad que es una maravillosa actitud ante la existencia? Yo clasificaría a este hombre en la categoría de «gente agradecida». Su disposición hacia la gratitud se trasluce en toda su vida diaria. Es como si agradeciera y musitara la misma oración cada minuto; como si viviera en una continua postura de adoración ante el Señor que todo lo envuelve con su poder. No sé dónde oí: «actitud de agradecimiento», como calificativo de una persona. Me llamó la atención y nunca se me ha borrado de la mente.

Mirando atrás, al tiempo de mi vida ya transcurrido, rememoro el sin número de dones recibidos gratuitamente: familia, amigos, salud, fe... y un largo etcétera de recuerdos agradables. Me pregunto si soy de los que tienen «actitud de agradecimiento». ¿Dedico un tiempo para reflexionar sobre los dones que Dios me ha concedido, directamente o a través de segundas personas?

He ido por la vida, muchas veces, corriendo más que viviendo... y creo que he dejado de contemplar muchas flores de los campos de mi vida, en mi alocado caminar.

Cumpliré próximamente 52 años. Eso significa que Dios me ha concedido unos 19.000 días de vida más o menos. Mi oración, en tal caso, debería ser: «Señor, siento haber sido inconsciente de tantos días que me has concedido». Vivo en un bloque de pisos a media hora de un pequeño riachuelo. Suelo levantarme a las 6,30 de la mañana. Vestido ya, me acerco al pequeño arroyo tras subir y bajar una loma. Acaricio sus aguas mansas y cantarinas. Hago la señal de la cruz y, recordando al hombre que movía los dedos de sus pies al despertar, agradezco al Señor el regalo de otro día.

Unos rezan las oraciones que aprendieron de niños. Otros pasan las cuentas del rosario, o se unen a la Iglesia Universal rezando los Laudes de la Liturgia de las Horas. Todos tenemos lo mismo en común: agradecemos y adoramos. La «actitud de agradecimiento» está por encima del temperamento de las personas. Unos somos optimistas, otros pesimistas. También está por encima de las épocas de la vida que pasamos: crudos inviernos de desesperanza, primaveras de alegría, otoños de melancolía, veranos de indolencia.

alegría, esperanza, felicidad