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María entre nosotros

 

 

 

alegría, esperanza, felicidad

LA FIESTA DE LA COSECHA

Cuenta el P. Ángel su primera experiencia misionera tras ser ordenado sacerdote:

«Viajé con muchas ganas y muchos proyectos, pero me esperaba una sorpresa: la comunidad había programado mi primera misa el domingo en el que ellos celebran la fiesta de las cosechas.

Pronto por la mañana la gente empezó a llegar de sus distintos pueblos con sus recipientes llenos de mijo o de cacahuetes sobre la cabeza. Los cristianos y catecúmenos vinieron en grupos. cantando y testimoniando la alegría de ser discípulos de Jesús. Poco a poco se creó un ambiente festivo y el lugar de la celebración se fue llenando.

Al empezar, un catequista explicó lo que celebrábamos. Hizo una bonita relación entre la fiesta de la cosecha y mi primera misa con ellos.

«La fiesta de la cosecha -dijo- es un día importante para nosotros. Hoy todos traemos en nuestras manos algo para dar las gracias al Señor, sabemos que es El quien nos da todo lo que tenemos. Hoy también queremos dar las gracias al Señor por nuestro hermano Ángel: la ordenación que ha recibido y la eucaristía que celebra con nosotros es la cosecha que Dios ha puesto en sus manos. Durante muchos años ha sembrado, cultivado y cuidado la planta de su vocación. Hoy damos gracias por el fruto. Su ordenación es un fruto que debe ser compartido con la gente. para quitar el hambre de todos los que buscan a Dios. Al mismo tiempo su ordenación es una forma de volver a nacer, convirtiéndose en comida compartida y en bebida derramada para dar vida al mundo».

Oyendo estas palabras, yo me decía: «¡Qué más hay que añadir?».

Aquel día presidí la eucaristía. repartí el pan de vida a los pobres y pensé en el largo camino que nos queda por recorrer. El camino se hace caminando, y yo creo que juntos podremos hacer mucho. Que la oración y el recuerdo nos una y nos dé la fuerza de servir al Señor y de responder a las exigencias de nuestros hermanos.».

Como decía el P. Ángel: «¿qué más se puede añadir?»

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