principal        conocenos       Antonio   mm.carmelitas      anecdotas y reflexiones    calendarios   estampería  Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

                                          
Textos en formato pdf
libros
anteriores año 2008
Hojas  Culturales
María entre nosotros

 

 

 

alegría, esperanza, felicidad

 EL ENTIERRO DE RÓMULO BALZANI

Hace años las gentes de Roma pudieron contemplar, asombrados, un insólito cortejo mortuorio. Detrás de un ataúd y de un nutrido grupo de familiares, amigos y admiradores del muerto, una orquestina compuesta de mandolinas, guitarras y alguna que otra armónica iba lanzando al viento las melodías alegres de unas canciones populares italianas...

Quizá a primera vista muchos pensarán que el extraño entierro tenía cierta semejanza con una profanación. Y, sin embargo, se equivocan.

El ataúd contenía los restos mortales del compositor y cantante Rómulo Balzani, muy admirado en Italia. Y su entierro con música de mandolinas, además de pedido por él, había sido autorizado por el párroco de San Agustín, iglesia de la que Balzani era feligrés.

El sacerdote acababa de darle la Comunión y la Extremaunción, que el músico recibió fervorosamente. Fue entonces cuando dijo a su párroco: «No quiero flores, Padre; cuestan mucho dinero, y además, en seguida se marchitan. En cambio mis canciones no se marchitan y no cuestan nada. Quisiera que si usted lo autorizara, hubiera en mi entierro una pequeña orquestina tocando mis canciones. Así, además, quienes me acompañen en mi último trance se sentirán menos tristes.»

El sacerdote accedió. Y de ahí el insólito entierro con música de mandolinas. Que al mismo tiempo fue un entierro lleno de emoción, respeto y dignidad.

De una parte, como comentaba el suceso un periodista italiano: «¿No es hermoso que cada uno vaya hacia el Creador con su vestido de cada día? Si durante toda una vida ejerció una honrada profesión, aunque se trate de la más humilde de la tierra, ¿por qué al final de sus días no ha de rendir homenaje a esa profesión por la que siempre vivió?»

De otra parte, creemos que en cierta manera la actitud de Rómulo Balzani venía a reflejar también una admirable lección de cómo una cristiano afronta la muerte; con serena alegría, no como una catástrofe irreparable, sino como un paso gozoso a la verdadera vida. «La muerte no existe -decía B. Balzani-, lo que tenemos son dos vidas.»

Así lo entendían el bueno de Rómulo Balzani, poeta admirado al par que «hombre bueno de corazón de niño», como alguien le calificó.

alegría, esperanza, felicidad