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SABANA SANTA

 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

Bienaventuranzas, obras de misericordia, mandamientos, sacramentos

NO TODO ES EL DINERO 

Los principios del que más tarde había de ser conocido médico y famoso novelista, J. A. Cronin, autor de obras tan célebres como La ciudadela y Las llaves del reino, no fueron demasiado brillantes. Acabó la carrera de Medicina con grandes apuros económicos, gracias solamente a su tenacidad e inteligencia. Pero ya doctorado le llegó la hora de abrirse paso en su profesión.

    Cierto día, Cronin leyó en un periódico un anuncio que le pareció ideal en su situación. Se trataba de cubrir una plaza de médico en una compañía minera de un distrito industrial. Aunque el sueldo no era fabuloso, era lo suficientemente respetable para que Cronin, ansioso de hallar una colocación, se sintiera satisfecho si conseguía la plaza. Acabó de decidirle la promesa que en el anuncio se hacía al futuro médico de la colonia minera de «un paisaje verdearte» y «una residencia confortable».

   Una vez conseguido el cargo, Cronin se dirigió a su destino, en compañía de su esposa, una joven de grandes prendas morales. Pero la decepción del doctor no tuvo límites cuando al bajar del tren se halló, en vez de ante el prometido paisaje verdearte, entre dos negras colinas pobladas de barracas tristes, envueltas en la humareda de la mina próxima. De otro lado, la confortable residencia con que sonaba consistía en realidad en un alojamiento sucio, amueblado con sillas ruinosas y tapicerías usadas...

   Cronin, como avergonzado, dijo entonces a su esposa:

   -perdoname, cariño, esto no es lo que me habían prometido, ni lo que yo te había dicho... Pero ten confianza, espera un tiempo. Ya ascenderé en mi carrera, Yo triunfaré... para ti.

   La esposa sonrió. Ella no ambicionaba nada, sólo vivir feliz al lado de su marido. No tenía por qué preocuparse. Allí, en aquel distrito obrero, podían serlo de sobra.

   Allí, al cuidado de aquello población minera, Cronin ejerció su labor profesional con un gran sentido humano, con una caridad que le ganó el afecto de sus pacientes. Pero firme en su ambición de lograr una celebridad y una posición desahogada, no cesó para conseguir una plaza mejor: La Providencia le ayudó. Y algunos años más tarde, Cronin se convirtió, como tanto lo había deseado, en uno de los doctores más acreditados de Londres. Un día se regocijaba ante su mujer de las abundantes libras esterlinas que le procuraban fácilmente los cuidados que prestaba a una rica clientela londinense.

   -Desde luego, he progresado, no puedo quejarme cuando recuerdo los tiempos en que recorría los tugurios de los ricos con una cazadora sucia y con aquellas pesadas botas de clavos...

   -Sí -le respondió su esposa-, pero yo te amaba más con tus pesadas botas. Entonces pensabas más en tus enfermos que en tu dinero...

   Cronin quedó perplejo. Y esta corrección de su esposa desencadenó en él una crisis espiritual tan profunda que: le llevó, poco tiempo después, a abrazar la fe católica y a escribir obras tan llenas de sana moral cromo Las llaves del reino, variando por completo su posición ante la vida.   

Bienaventuranzas, obras de misericordia, mandamientos, sacramentos