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María entre nosotros

 

 

 

Bienaventuranzas, obras de misericordia, mandamientos, sacramentos

MATAR UN RUISEÑOR 
O LA IMPORTANCIA DE LA CONCIENCIA

Harper Lee escribió la novela -más tarde llevada al cine- Matar un ruiseñor. En ella el abogado Átticus Finch defiende a un muchacho negro acusado injustamente de haber violado a una chica blanca. Pero toda la ciudad, donde los prejuicios racistas son fuertes, se le echa encima. También su hija Scout, una chiquilla de diez años, muy lista para su edad y cuyo deporte favorito es pelearse en la escuela, le reprocha su conducta, contraria a lo que todos piensan.

Átticus, al responder a la niña, ofrece uno de los argumentos más elegantes sobre la dignidad de la persona:

 -Tienen derecho a creerlo, y tienen derecho a que se respeten por completo sus opiniones, pero antes de poder vivir con los demás tengo que vivir conmigo mismo: la única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la propia conciencia.

Y estas palabras que revelan la supremacía de la conciencia sobre los prejuicios se continúan en este otro diálogo entre padre e hija.

«Átticus suspiró.

-Simplemente, estoy defendiendo a un negro: se llama Tom Robinson. Vive en el pequeño campamento que hay más allá del basurero. Es miembro de la iglesia de Calpurnia, y esta conoce bien a su familia. Dice que son personas de conducta intachable. Tú, Scout, no tienes edad para entender ciertas cosas, pero por la ciudad se ha hablado mucho y en tono airado de que yo no debería poner mucho interés en defender a ese hombre...

-Si no debes defenderle, ¿por qué le defiendes?

-Por varios motivos. Y el principal es que si no le defiendo no podré caminar por la ciudad con la cabeza alta, no podré representar al condado en la legislatura, y ni siquiera podría ordenaros a Jem y a ti que hicieseis esto o aquello.

-¿Quieres decir que, si no defiendes a ese hombre, Jem y yo ya no deberíamos obedecerte?

 -Más o menos.

-¿Por qué?

-Porque ya no podría pediros nada. Mira, Scout, por la misma índole de su trabajo, cada abogado topa durante su vida con un caso que le afecta personalmente. Este es el mío, me figuro. Es posible que oigas cosas feas en la escuela, pero haz una cosa por mí: levanta la cabeza y no levantes los puños. Digan lo que digan, no pierdas los nervios y procura luchar con el cerebro, para variar...

-¿Ganaremos el juicio, Átticus? 

-No, cariño.

-¿Entonces...?

-No importa. El hecho de que hayamos perdido cien años antes de empezar no es motivo para que no intentemos vencer.

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