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María entre nosotros

 

 

 

Bienaventuranzas, obras de misericordia, mandamientos, sacramentos

LA OTRA MUJER

Fue idea de mi esposa que concertara aquella cita con otra mujer...

-Tú sabes que la amas -me dijo un día por sorpresa-. La vida es demasiado corta debes dedicarle tiempo.

-Lo sé.

La otra mujer, a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi madre, viuda desde hacía 19 años; por las exigencias de mi trabajo y mis tres hijos sólo la visitaba ocasionalmente. Esa misma noche la llamé para invitarla a cenar y al cine.

-¿Qué ocurre? ¿Estás bien? -me preguntó. 

-Pensé que sería agradable pasar algún tiempo contigo -le respondí-. Los dos solos.

Reflexionó un momento.

-Me agradaría muchísimo -dijo finalmente.

 Días después, pasé a buscarla, nervioso. Me esperaba en la puerta, advertí que estaba muy emocionada con nuestro encuentro. Su rostro sonreía e irradiaba luz como un ángel. Fuimos a un restaurante no muy elegante pero sí acogedor, mi madre aferrada de mi brazo. Nos sentamos y comencé a leerle la carta, pues su vista estaba debilitada por las cataratas. Sentada al otro lado de la mesa, me miraba.

-Era yo quien leía el menú cuando eras pequeño -me dijo.

-Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolverte el favor -respondí.

Durante la cena tuvimos una agradable conversación. Nada extraordinario: sólo ponernos al día de nuestras cosas. Hablamos tanto que nos perdimos el cine.

-Saldré contigo otra vez, pero sólo si dejas que te invite dijo mi madre cuando la llevé a casa. Asentí.

-¿Cómo fue todo? -quiso saber mi esposa.

-Muy agradable... mucho más de lo que hubiera imaginado. -Contesté.

Días después mi madre fallecía de un infarto fulminante. Todo fue tan rápido que no pude hacer nada. Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante con el vale por dos cenas, y una nota de mamá que decía: «He dejado pagada dos cenas por anticipado, pues algo me dice que no podré asistir. Si recibes esta nota será señal de que tenía razón. Disfrútala con tu esposa. Jamás sabrás lo que aquella noche significó para mí. Te quiero». 

En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo: «TE AMO» y de dedicar a nuestros seres queridos el tiempo que se merecen. Nada en la vida es más importante que Dios y tu familia: concédeles tiempo, porque ellos no pueden esperar.

Bienaventuranzas, obras de misericordia, mandamientos, sacramentos