|
principal conocenos Antonio mm.carmelitas anecdotas y reflexiones calendarios estampería Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica |
|
|
Bienaventuranzas, obras de misericordia, mandamientos, sacramentos HAMBRE Y SED DE JUSTICIA Cuando la época de la revolución industrial inglesa se hallaba en pleno auge, el trabajo de los niños, o mejor la esclavitud infantil, proseguía en Inglaterra en condiciones indescriptibles. La gente del campo había sido llevada a las ciudades por las llamadas "Enclosure Acts" (Actas de encierro) y las personas mayores, muchas veces sin trabajo, se veían obligadas a enviar a sus hijos a las fábricas. En la fabricación de alfileres, los niños empezaban a la temprana edad de cinco años (ordinariamente para desquitar a sus padres del dinero que pedían prestado), y trabajaban desde las seis de la mañana hasta las ocho de la noche. Cuando llegaban a los quince años, eran ya inútiles para cualquier otro trabajo. En las hilaturas de estambre del Yorkshire los niños empezaban a los ocho años, trabajando, en épocas de mucha tarea, desde las tres de la mañana hasta las diez de la noche. La deformidad o la pérdida del uso de los miembros era frecuente de los trece años para arriba, o antes todavía, debido a las posiciones que necesariamente tenían que aguantar al manejar la broca. Los niños indigentes eran enviados desde Londres al Lancashire por el canal, en barcazas; se les llamaba aprendices, pero en realidad se convertían en esclavos en las fábricas de algodón, donde trabajaban quince horas diarias. En las minas de carbón se empleaban niños de seis años, o más pequeños aún, para la vigilancia de los escotillones, teniendo que permanecer sentados en la oscuridad, en pequeñas cámaras junto a las puertas de ventilación. Muy chiquitines aún, casi bebés, eran tomados para alejar a las ratas que se acercaban a la comida de su padre. En algunas partes, las mujeres y las muchachas, con doble sujeción, empujaban las carretillas de carbón por las galerías de la mina o tiraban de ellas con cadenas por los cuatro costados, como animales. También en las minas se empleaban como aprendices a muchachos de los asilos. A los ocho años de edad se les hacían contratos de doce años, obligándoles a trabajar en lugares peligrosos a donde los mineros no hubieran querido enviar a sus propios hijos, y si se resistían eran pasados por tribunales y encerrados en prisión. Millares de chiquillos "trepadores" de seis años, aproximadamente, eran empleados en limpiar chimeneas y forzados, hasta pegándoles, a encaramarse en las chimeneas para limpiarlas. En un principio tenían que bajar de ellas valiéndose de sus brazos y rodillas, que acababan sangrando abundantemente; a veces tenían que limpiar varias chimeneas al día y frecuentemente tenían que meterse dentro de las mismas, no siendo raros los casos en que morían sofocados por el hollín. El hombre que más que ningún otro puso término a esas crueldades fue lord Shaftesbury. Su propia infancia, tanto en su casa como en la escuela primaria, fue muy desgraciada, pero una vieja sirvienta de la familia, María Millis, tomó afecto al muchacho y gracias a ella se despertó en él un espíritu profundamente religioso, era protestante evangélico, que inspiró toda su vida. En Harrow vivió más feliz, y contemplando allí cierto día el entierro de un pobre, quedó tan escandalizado por la grosera ligereza con que se procedía, que tomó la determinación de trabajar en favor de los pobres abandonados. Como hijo de una gran familia entró en el Parlamento a la edad de veinticinco años. Era un Tory (conservador) acérrimo y permaneció siempre siéndolo en todo, menos cuando se trataba de excitar la compasión por las víctimas de la crueldad. Más tarde fue el caudillo de los que dieron la batalla en favor de los niños trabajadores. Durante más de cincuenta años trabajó y gastó sus energías, hablando en el Parlamento y en mítines, visitando los distritos industriales en busca de testimonios que ofrecer a la investigación del gobierno, escribiendo innumerables cartas y hasta llenándose de deudas por defender buenas causas. Todo estaba contra él y sus seguidores: la influencia de los patronos, la obstrucción de los políticos, la resistencia de la Cámara de los Lores y la apatía del público. Los reformadores eran ridiculizados como "traficantes de humanidad" y acusados de arruinar el comercio británico. Pero, gradualmente, la causa progresó. En 1847, con la ayuda de un industrial de conciencia, llamado Fielden, pudo ser pasada en el Parlamento el Acta a las diez Horas y se puso fin a los peores abusos de las fábricas. En 1842, el Acta de las Minas empezó a poner algún límite al empleo de niños en lugares subterráneos. Por lo que respecta a los muchachos "trepadores", fueron en teoría protegidos por las Actas de 1840 y 1864, burladas de momento por los fumistas o no apoyadas por los magistrados. Hasta 1875 no logró Shaftesbury que se pusieran en vigor, al presentar dos casos recientes de inhumanidad, como argumento contundente. A Cristóbal Drumond, de siete años y medio de edad, le fue ordenado que subiera por el cañón de una chimenea, cerca de Gateshead, y fue sacado de él, muerto, quince minutos más tarde; Jorge Brewster, de catorce años, murió después de limpiar una chimenea cerca de Cambridge. Shaftesbury consiguió hacer pasar un Acta que hacía obligatorio para los fumistas obtener una licencia que podía ser retirada si obligaban a niños a que subieran por las chimeneas. Shaftesbury trabajó también con gran empeño en la reforma de las leyes referentes a los locos y a los asilos privados, y para incrementar la salud y el bienestar del hogar, especialmente en favor de los trabajadores de sus propias heredades, que él había recibido de su padre en muy malas condiciones. Desgraciadamente, malogró sus propios planes abandonando demasiado los asuntos en manos de un agente que no se portó con fidelidad y que lo llevó casi a la ruina. Shaftesbury era un protestante antipapista acérrimo, pero cuando murió, el cardenal Manning dijo de su vida: "Fue un hombre noble y de una virilidad cristiana sin par. ¡Qué hermosa perspectiva la del trabajo que realizó! A su lado, mi vida es casi algo vacío. Tomó el sufrimiento humano, la angustia humana y el abandono de la niñez y del pobre como fin de su vida, que empleó y consumió para ello; pues su propia vida fue una vida de sufrimiento como el Hombre de Dolores que pasó por doquiera haciendo el bien". Bienaventuranzas, obras de misericordia, mandamientos, sacramentos |
|