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Bienaventuranzas, obras de misericordia, mandamientos, sacramentos
EUCARISTÍA Y MARTIRIO Siempre me llamó la atención el relato del martirio de un grupo de cristianos en el norte de África, a finales del siglo III. Los romanos habían prohibido a los cristianos celebrar la eucaristía. Sin embargo, en una ciudad del norte de África, Abitene, un grupo se reunía clandestinamente en casa de un cristiano llamado Emérito. Los soldados los sorprendieron y los encarcelaron. Al propietario de la casa lo llevaron ante los jueces, y éstos le preguntaron: «¿Es que no conoces la pena que está prescrita para los que dejan celebrar la eucaristía en sus casas?». Hablaba de la pena de muerte. Y Emérito contestó: «Sí, pero es que sin la eucaristía no podemos vivir». Murió degollado. En Japón, cuando a finales del siglo XVI había ya un millón de cristianos, se levantó una violenta persecución contra ellos propiciada por los bonzos. Los que no murieron mártires se refugiaron en las montañas o vivieron escondiendo su identidad en los poblados. En un monasterio budista cercano al lugar donde yo me hallaba, se encuentra la lista de un grupo de cristianos que, después de haber vivido escondidos en las montañas durante décadas, bajaron a reclamar sus propiedades perdidas. Tuve la curiosidad de adentrarme en dichas montañas en un día de invierno. ¿Qué comían ahí los cristianos? ¿Raíces? ¿Cómo pudieron aguantar tantos años? Pero hay algo que no conocía y que me explicaron después. Durante siglos de persecución, existía la figura de un seglar (Kaisho) que llevaba clandestinamente la comunión a los cristianos. Es algo que impresiona. En los primeros siglos, en tiempos de persecución, era frecuente la práctica de llevar la comunión, a veces clandestinamente, a los condenados. Pues bien, hoy en día ya no se quita la vida a los cristianos porque vivimos en medio de democracias. Pero hay otra forma de martirio más sutil y peligrosa: al que quiere llevar una vida cristiana con todas sus consecuencias se le desprecia, se le margina. Y, ¿por qué es perseguido el cristiano? ¿Porque no se preocupa del prójimo? ¿Porque no está a la altura de los tiempos? No, el cristiano es perseguido por odio a la fe: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo» (Jn 15, 1819). Es el odio a la verdad. Y aquel que, por soberbia, no quiere creer en Cristo, odiará al cristiano auténtico. Bienaventuranzas, obras de misericordia, mandamientos, sacramentos
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