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SANACIÓN A TRAVÉS DE LOS SACRAMENTOS
El catecismo divide los siete sacramentos en tres grupos: los sacramentos de la iniciación (bautismo, confirmación y Eucaristía), los dos sacramentos de sanación (Penitencia y Unción de los enfermos) y los sacramentos al servicio de la comunión (orden y matrimonio). Esta división ha sido criticada, no sin cierta justificación, como artificial.¿Es que no están todos los sacramentos al servicio de la comunión? Y, sobre todo, escuchamos la objeción de que todos los sacramentos tienen un efecto curativo. El dominico P. Marsch ha escrito un libro titulado "Sanación a través de los sacramentos" en el que señala que en su catequesis de los sacramentos la primitiva iglesia gustaba referirse a los efectos curativos de los milagros de Jesús. En el catecismo se presenta también el efecto curativo de los sacramentos a través de la imagen de la mujer curada del flujo de sangre. Esta mujer, enferma desde hacía muchos años, fue curada por "el poder que salía de Él". Los sacramentos de la Iglesia continúan ahora la labor curativa de Jesús durante su vida terrena. Mediante los sacramentos Cristo mismo cura, fortalece, toca. Los sacramentos son, por decirlo de alguna forma las maños terrenas del celestial Jesús Resucitado. Cristo no curaba simplemente quitando los síntomas de la enfermedad. Su sanación iba dirigida más al fondo del problema. Como le dijo al paralítico: "Hijo mío, tus pecados te son perdoñados". Cristo cura al hombre entero. Su curación comienza en la raíz de todo lo que no es saludable: el pecado que nos separa de Dios, fuente de vida. Por eso el elemento curativo del perdon de los pecados forma parte de cada sacramento. Nos sanamos de verdad cuando nos reconciliamos con Dios, uniéndonos con Cristo y llenos del Espíritu Santo. El dolor y la enfermedad pueden también tener un positivo efecto saludable. ¡Qué moderadas parecen las penas de este mundo cuando tenemos el Espíritu Santo! decía el Santo Cura de Ars. La iglesia es comunidad de sanación, Madre amante, que nos administra la "medicina" de Cristo. Como dice el P. Marsch: "Los sacramentos no nos dicen que el mundo ya está curado. No son ni drogas ni magia. Jesús no nos prometió un jardín de rosas. Pero a través del encuentro con el Salvador los sacramentos pueden hacer una decisiva contribución a la curación individual en un mundo cada vez más incurable. Cuando más reconocemos por la fe que la Iglesia misma es el Sacramento del amor de Dios tanto más la dimensión curativa de los sacramentos se abrirá a nosotros.
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