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SACRIFICIO DE CRISTO Y SACRIFICIO DE LA IGLESIA
La Tercera Plegaria eucarística recoge la profecía de Malaquías: "Nunca cesarás de reunir pueblos a tu alrededor para que desde la salida del sol hasta su ocaso pueda realizarse una ofrenda pura en honor de tu nombre". ¿Qué significa decir que aunque el sacrificio es siempre uno y el mismo se ofrece a lo largo y ancho del mundo? "Un solo sacrificio y muchas misas" se titulaba un libro de KarI Rahner. El Concilio de Trento nos ofrece esta explicación: "En este sacrificio divino que se celebra en la misa, el mismo Cristo que se ofreció una vez de forma cruenta en el altar de la Cruz se ofrece de forma incruenta. La victima es una y la misma: el mismo que se ofrece por el ministerio del sacerdote es quien se ofreció entonces a si mismo en la cruz. Lo único que varía es la forma en que lo hace". ¿Qué significa para el cristiano, para nosotros, celebrar el sacrificio de Cristo? Tenemos la antigua costumbre de ofrecer la misa por los vivos y difuntos, por las intenciones de la Iglesia, los individuos y la sociedad, dar por su celebración una suma de dinero como limosna, lo que se llama "Estipendio de la misa". Muchos pondrán objeciones a esta práctica pero olvidan que en los países pobres los estipendios de la misa es uno de los pocos medios que permiten sobrevivir al sacerdote. La Misa no puede ser ni vendida ni comprada, pero las ofrendas (recolectas, estipendios de misas) pueden ser la expresión de la ofrenda de nosotros mismos, de nuestra vida entera, de nuestros cuidados y preocupaciones en un solo sacrificio con Cristo. Nos podemos unir con la ofrenda de su vida al Padre por la salvación de toda la humanidad y a través de nuestra visible contribución sacrificial expresar el hecho de que nos estamos ofreciendo con Cristo en el altar de nuestro corazón. La Eucaristía es sacrificio de la Iglesia porque la Iglesia es el Cuerpo de Cristo. El, con nosotros, nosotros con El, cabeza y miembros. Su ofrenda nos suplanta y podemos unir nuestra vida y todo lo que hacemos y sufrimos a Él. En la acción litúrgica esta participación se simboliza por la mezcla de una gota de agua con el vino del cáliz: "Que por el misterio de esta agua y de este vino tomemos parte en la divinidad de Cristo que se humilló a sí mismo para compartir nuestra humanidad. Nuestra pequeña ofrenda se une al grande y único sacrificio de Cristo". C.S.
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