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SABANA SANTA

 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

Vivir el Catecismo

 

RESURRECCIÓN LOS MUERTOS

Dice S. Agustín que no hay punto de la doctrina cristiana más discutido que el de la resurrección de los muertos. S. Pablo vivió en sus carnes la experiencia de ser abucheado por sus cultos oyentes atenienses cuando les habló sobre este tema. Creían desde luego en la vida después de la muerte, en la inmortalidad del alma en la reencarnación. Pero la resurrección de los muertos... ¿Cómo era posible?

Según las estadísticas -cifras que damos con prudente precaución­ más del 40% de nosotros creen en la reencarnación (sucesivas vidas aquí en la tierra) pero no -como el Credo afirma- en la resurrección del cuerpo. ¿Como podemos dar razón de nuestra esperanza en la resurrección? ¿En que basamos nuestra confianza en que resucitaremos?

El primero y decisivo fundamento es ¡La resurrección de Cristo! Puesto que Él resucitó nosotros confiamos ser resucitados con Él. Nuestra esperanza está fundamentada en primer lugar en los testigos de la resurrección que comieron y bebieron con Él después de muerto y en el cotidiano testimonio religioso de las sucesivas generaciones de que el Señor resucitado esta con nosotros en su Palabra, en los sacramentos, en los santos y en los pobres y de que El habita en nuestros corazones a través de la fe. 

El segundo fundamento de la resurrección es la doctrina de la creación. Dice el libro de la sabiduria que Dios ama todo lo que ha creado ya que si no fuera así no lo hubiera hecho. Dios sostiene su creación. Nuestro cuerpo, parte del universo material, pasará. Pero nos han sido prometidos nuevos cielos y nueva tierra. Seremos renovados en Cristo. Su cuerpo resucitado es el comienzo de esta nueva creación. Y la Asunción al cielo en cuerpo y alma de la Virgen maria es la confirmación de que también nosotros seremos resucitados.

De esta fe en la resurrección se deduce lo que los cristianos piensan del cuerpo humano. El cuerpo, morada del Espíritu Santo, alimentado por el cuerpo eucarístico de Cristo debe ser protegido de abusos de todo tipo y conservado santo. Se le entierra con reverencia en consideración de la futura resurrección.

¿Cómo resucitaremos? Aquí nuestra imaginación vacila totalmente. La Sagrada Escritura no satisface nuestra curiosidad pero nos ensena lo esencial: será nuestro propio cuerpo el que resucitará pero no en la forma actual sino como cuerpo inmortal y celestial. Totalmente al servicio del Espíritu, como lo era el cuerpo del Señor resucitado. Pero sobre todo gozaremos de una vida totalmente con Cristo. El es la resurrección y la vida ya ahora y no solo entonces.

 

Vivir el Catecismo

 

C.S.