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Antonio Marilu Capin de Aguilar (poesias) |
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¿QUIÉN CELEBRA LA LITURGIA ? Muchos responderían: "El sacerdote". Si se refieren a la celebración de la santa Misa tienen razón porque sin un sacerdote consagrado no podría existir dicha celebración. Otros dirían: "Toda la Iglesia, todos nosotros". Esto también es cierto si entendemos correctamente la expresión "Toda la Iglesia". Porque las celebraciones litúrgicas son celebraciones de la Iglesia. El Concilio Vaticano II hizo hincapié en el carácter comunitario de toda celebración litúrgica y habló de la participación activa de los creyentes en la misma. Antes de dar respuesta a todos estos interrogantes se ha de precisar que la liturgia la celebra el "Cristo total", o sea, Cristo como cabeza con todos sus miembros. El celebrante principal es Cristo mismo. Y la liturgia que Él celebra es la liturgia celestial. En la liturgia terrena pregustamos la que se celebra en el Cielo hacia donde nos encaminamos como peregrinos y donde Cristo se sienta a la derecha de Dios. Decimos en el prefacio de la Misa que unimos nuestras voces a las de los ángeles y los santos. No somos concientes que en las celebraciones de nuestras iglesias participamos en la liturgia del cielo. Cantamos el Sanctus con toda la Iglesia del cielo. Y la plegaria eucarística la realizamos en comunión con la Madre de Dios y los santos. La asamblea de los creyentes participa en la gloria de la Iglesia celestial aunque sólo conectamos con esta realidad a través de la fe. ¡Qué amplitud y profundidad otorga esta realidad a nuestra alabanza! Si Cristo está en medio de nosotros, junto con Él está todo su cuerpo, todos unidos unos con otros: los que son perfectos con Cristo y los peregrinos todavía aquí en la tierra, los que están presentes en la celebración y aquellos a quienes estamos unidos por la fe. ¡Este es el "Cristo total" que celebra la liturgia! Participación activa no significa tanto actividad hacia fuera como compromiso interior por la atención y la fe, en lo que está ocurriendo en la liturgia. Sin este ferviente compartir en la celebración desde el corazón, la activa participación exterior no nos puede convertir en una verdadera comunidad litúrgica. Por la misma razón no todos los miembros de la asamblea tienen la misma función. El sacerdote posee un ministerio irreemplazable especialmente en los sacramentos de la eucaristía y la penitencia en los que actúa "en representación de la persona de Cristo". Diáconos, lectores, ministros extraordinarios de la Sagrada comunión, directores de cantos .... todos tienen diferentes funciones pero el Espíritu los une en la común adoración de Dios.
C.S. |
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