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PROMESA DE LA GLORIA FUTURA
En la Eucaristía se hace presente también la futura venida en la gloria de Jesús. Su venida en los sacramentos anticipa su venida futura realmente, aunque de forma velada y escondida. Hoy en día este sentido de la celebración eucarística, como celebración también de la venida futura de Cristo, está poco desarrollado. Y sin embargo es uno de los aspectos fundamentales, ya que es "promesa de gloria futura". En la Eucaristía el cielo baja ya a la tierra y la Iglesia terrena se abre a la morada celestial. Así como los judíos oraban en dirección a Jerusalén y de cara a la Ciudad Santa construían sus sinagogas, los cristianos desde los comienzos oraban en dirección al este y construían en esa dirección sus iglesias. La palabra orientación viene de aquí. No somos tan conscientes ahora que en la celebración Eucarística nos encontramos con Cristo que vendrá de nuevo. Por siglos sacerdotes y fieles han rezado mirando al este. La idea la retoma el Concilio Vaticano II cuando nos ensena que la Iglesia es un pueblo en estado de peregrinación hacia el Reino de Dios, su perfección final. La antigua posición de sacerdote y pueblo en la Iglesia, de cara al Este era un común dirigirse hacia el Cristo que había de volver. La forma usual hoy en dia del sacerdote, de cara al pueblo, también nos recuerda la venida del Señor. El Concilio nos recuerda que el sacerdote actúa en nombre de Cristo, representándole, que en la palabra y el sacramento viene al encuentro del creyente. Ambas posiciones del sacerdote tienen pues su justificación y un profundo significado. Lo que realmente importa es que seamos plenamente conscientes de forma nueva y mas profunda, que en la celebración de la Eucaristía están con nosotros todos los ángeles y santos del cielo pues Cristo esta en medio de nosotros. La dignidad y solemnidad de los ornamentos litúrgicos son signo y expresión de esta gloria que se derrama sobre nosotros. No es sorprendente que, desde el tiempo de los apóstoles, durante la celebración de la Eucaristía los fieles exclamaran con anhelo: Maranatha, Ven Señor Jesús.
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