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Marilú Capín de
Aguilar
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LOS ÁNGELES "Quedaos ángeles conmigo". Así comienza un área de la Cantata de Bach para la festividad del Arcángel S. Miguel. Waler Nigg comenta: "vivamente Bach presentía que algo muy importante estaba en peligro de perderse para la Cristiandad. Le parecía que los ángeles irían gradualmente abandonando al hombre. Y esto lo contemplaba como una seria calamidad"... ¿Qué haremos si los ángeles no permanecen con nosotros si quedamos solos, sin su cuidado y ayuda?" ¿Son los ángeles un elemento central de la fe? Desde luego que no. ¡Pero nosotros tampoco! El centro de la fe es el misterio de Dios Trinitario y el de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Todo lo demás, gira en torno a este centro incluidos los ángeles y nosotros. Ningún ángel puede pretender ser el centro de nada salvo los ángeles caídos, caídos precisamente porque pretendieron convertirse en el centro de todo; por el contrario, la gloria y esplendor de los ángeles consiste en el simple hecho de que toda su vida esta dirigida esta dirigida totalmente hacia ese centro, que sirven al Dios viviente y alaban el misterio de Jesucristo con todo su ser. De aquí que los ángeles son reales y que su existencia es una verdad de fe. La existencia de los ángeles es una certeza de fe: es parte de un organismo viviente y como todas las verdades de la fe, el conocimiento de su naturaleza espiritual como criaturas de Dios es también ayuda para nuestras vidas. Esto esta reafirmado sobre todo por las Sagradas Escrituras.
La historia de la salvación es impensable sin la existencia de los ángeles. Su naturaleza espiritual es un misterio incomprensible para nosotros. Poseen una especial cercanía a Dios. Por ello en el Antiguo Testamento Dios habla y actúa a través de sus ángeles. Las diversas apariencias de los ángeles en la Sagrada Escritura no debemos considerarlas como simples expresiones de la manera de ver las cosas de aquel tiempo. Más bien deberíamos plantearnos si nuestra sensibilidad religiosa a la realidad de los ángeles no se ha oscurecido en comparación con la de aquellos primeros creyentes.
La vida de Jesús está rodeada por el servicio angélico desde la Anunciación y el Nacimiento hasta la Agonía en Getsemaní, la mañana de Pascua y la Ascensión. Lo mismo se puede aplicar a la vida de la Iglesia y de los cristianos. "Junto a cada creyente existe un ángel que como pastor y protector vela y dirige su vida" escribe S. Basilio, afirmando la existencia del Ángel de la Guarda que Dios da como compañero a cada hombre. En el Santo de la misa nos unimos en la alabanza a los ángeles, para que en nuestro caminar por la vida alcancemos seguros nuestro destino. Por eso la Iglesia reza también para que los ángeles continúen acompañándonos más allá de la muerte rumbo al Paraíso. C.S.
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