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SABANA SANTA

 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

Vivir el Catecismo


 

¿QUÉ ES LA LITURGIA

 En Europa la asistencia a las iglesias era mayor antes que ahora. Parece que decrecerá en años venideros. Pero algo permanece a lo largo de los siglos: los fieles acuden domingo tras domingo, muchos día tras día, para alabar a Dios, para celebrar la liturgia. Los pagaños de la antigüedad reconocían en esto una especial característica de los cristianos.

En una carta del ano 112 Plinio explicaba al emperador Trajano que "en un cierto día antes del amanecer, numerosos cristianos se reunían para cantar antífonas e himnos en honor a Cristo a quien consideraban Dios".

Desde el comienzo la Iglesia ha sido una comunidad que ora y celebra la alabanza divina. La palabra griega "liturgia" significa "realización de un servicio a la comunidad" pero también tiene el significado de "alabanza divina en público". Tal como lo entienden los cristianos la liturgia es en primer lugar "la obra de Dios" a favor de los hombres antes de que se convierta en respuesta de agradecimiento y súplica en la adoración divina. No fabricamos ni inventamos nosotros la liturgia. Cristo es el liturgista: el primer celebrante de la alabanza divina.

Cristo ha realizado la obra de Dios por nosotros: nuestra redención y la glorificación de Dios. La gran "liturgia" de Cristo es la entrega de su vida, el sacrificio que ofreció al Padre en la Cruz de una vez y por todas, por nosotros y por nuestra reconciliación.

  Cada vez que Jesús resucitado celebra la liturgia por nosotros y con nosotros "se realiza la obra de la redención". Esto es especialmente cierto cuando hablamos de la Eucaristía en la que Cristo se ofrece a sí mismo junto con su Cuerpo, la Iglesia, a Dios Padre.

  La liturgia no es la única actividad de la iglesia. La predicación del evangelio, el servicio al prójimo con un amor activo, la oración personal y el sacrificio, el testimonio de vida cristiana, oculta o visible: todo esto constituyen partes indispensables de la vida de la Iglesia. Sin embargo la liturgia es la cumbre hacia la que se dirige toda la actividad de la Iglesia. Dice la Regla de San Benito que nada debe anteponerse a la alabanza divina, aunque, desde luego, a veces es necesario por las necesidades urgentes de nuestro prójimo anteponer el servicio a la divina alabanza. Porque el amor al prójimo y la alabanza divina no se contraponen, pues de la liturgia fluyen todos los poderes de la Iglesia. La liturgia es como una fuente a través de la que Cristo mismo nos da de beber.

  
C.S.