principal        conocenos       Antonio    anecdotas y reflexiones    calendarios   estampería  Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

                                          
Textos en formato pdf
libros
Anteriores
Hojas  Culturales
María entre nosotros

(Presentación en PWP no automática)
SABANA SANTA

Nati Crespo Aguilar
pinturas

Marilú Capín de Aguilar
poesías

 

 

 

 

Vivir el Catecismo

 

LA VIDA CONSAGRADA A DIOS

"Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes y da el dinero a los pobres, de esa forma atesorarás en el cielo. Luego ven y sígueme". Cuando el joven egipcio Antonio escuchó estas palabras del evangelio de Mateo en siglo III quedo tan fuertemente impresionado como si Jesús se las hubiera dirigido a él personalmente. Salió, vendió sus posesiones y adoptó una vida de solitario en el desierto: fue el comienzo de la vida monástica.

La vida consagrada a Dios ha crecido como las ramas de un árbol desde entonces. Nacen ramas nuevas, otras desaparecen, En nuestra época podemos contemplar el crecimiento junto a antiguos monasterios, órdenes y congregaciones la profusa creación de nuevas formas de vida religiosa. Este estado de vida pertenece de forma innegable a la vida y santidad de la Iglesia, porque es un regalo venido de Dios.

Cristo propone la perfección en su seguimiento a sus discípulos pero no a todos de la misma forma sino de acuerdo a su personalidad, época, circunstancias y fuerzas. Según el amor exige.

Todos estamos llamados a una vida de perfecto amor pero no todos al especial estado de vida consagrada que se constituye por la profesión de los consejos evangélicos.
¿Qué caracteriza esta llamada especial? Primero el deseo de seguir a Cristo más de cerca y darse del todo a Dios para amarlo sobre todas las cosas. Este estado de vida se define sobre todo por la oración pues sin ella ni es comprensible ni se puede ser constante en seguirla.

El principio de la imitación de Cristo se traduce en la dedicación al servicio de la Iglesia. Hay muchas formas de vida consagrada: los eremitas y las vírgenes consagradas (ambos estados renacen en nuestra época); la vida monástica con votos públicos y vida conventual; los institutos seculares cuyos miembros permanecen en el mundo para actuar como levadura Incluso los que llevan una vida de total clausura están llamados a ser misioneros y ayudar en el crecimiento del Reino de Dios.

Teresa de Lisieux, carmelita que nunca aban­donó su convento es la patrona de la misiones.

Vivir el Catecismo

 

C.S.