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Nati Crespo Aguilar
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Viviendo el catecismo

LA SAGRADA ESCRITURA


        A veces se oye decir que el Cristianismo es una religión «del libro» como el Judaísmo y el Islam, o sea que las tres religiones tienen en común que se fundamentan en un libro sagrado (inspirado) por Dios: el Antiguo Testamento para los judíos, el Antiguo y el Nuevo Testamento para el Cristianismo, el Corán para el Islam.


        Caracterizar así el Cristianismo no es exacto. El centro de nuestra fe es la Palabra eterna, el Hijo de Dios que se hizo Dios por nuestra salvación. Jesucristo es nuestro libro viviente, la Palabra de Dios dirigida a los hombres.


        Dios reveló su Palabra gradualmente, teniendo en cuenta nuestra debilidad. Se inclinó a nosotros como un Padre se inclina hacia su hijo. Adaptó su Palabra a nuestra pequeña manera de entender.


        En el Antiguo Testamento habla a su pueblo a través de hombres santos: todo lo que hizo y dijo a través de sus enviados, los profetas, fue gradualmente recogido en varios libros que constituyen hoy el Antiguo Testamento. Finalmente Dios habló a los hombres a través de su Hijo. En Él, la Palabra eterna de Dios se expresa en palabras humanas.

 

        Lo que Jesús hizo y dijo ha sido transmitido por su discípulos de forma fiable y fidedigna ya que deseaban conducir a las gentes hacia Jesucristo, su amado Maestro, que los había reunido en torno suyo y había compartido con ellos su vida. Al principio seguramente los Apóstoles y sus discípulos transmitieron de viva voz lo que sabían de Jesús y lo que Él les había enseñado. Pronto empezaron a ponerlo también por escrito. Así nacieron gradualmente los Evangelios.

        La impresión dejada en ellos por las palabras, gestos, por la persona del Señor, era demasiado poderosa para ellos como para haber pensado en adaptarla a sus oyentes. Por eso la iglesia afirma sin duda la historicidad de los Evangelios cuya fiabilidad se basa en la credibilidad de los testigos y también en la obra del Espíritu Santo, autor principal. La Iglesia acepta como sagrados y canónicos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento de forma completa en todas sus partes. La Sagrada Escritura es formalmente celebrada en la liturgia como Palabra del Dios vivo. Es la Palabra de Dios expresada en lenguaje humano.

          

Viviendo el catecismo

C.S.