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Marilú Capín de
Aguilar
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LA PROVIDENCIA DE DIOS
Si Dios Padre Todopoderoso, Creador de un mundo ordenado y bueno, cuida de todas sus criaturas... ¿por qué existe el mal? Nadie escapa al problema de la existencia del mal en el mundo. No hay respuesta capaz en la tierra de resolver este problema, con todos los enigmas que entraña. Solo lo entenderemos cuando veamos a Dios: aquí y ahora nuestra solución es de compromiso. Pero sin embargo no hemos sido abandonados sin respuestas frente al oscuro reto del mal. El testimonio de los santos es claro y luminoso: dan testimonio de que nada nos ocurre que Dios no permita. Sus vidas manifiestan lo que enseñan: una grande e inquebrantable confianza en el poder y en la bondad de la Providencia de Dios. Se toman en serio el Sermón de la Montaña: "No estéis ansiosos preguntándoos qué comeremos o qué beberemos? Bien sabe vuestro Padre celestial lo que necesitáis". Esta actitud de sumisión a la voluntad del Padre Celestial es un elemento central de la predicación de Jesucristo. Por eso nos enseña a rezar: "Hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo". Nos ha prometido darnos lo necesario si nos preocupamos sólo de buscar el Reino de Dios por encima de todo y en primer lugar. Llamamos Providencia a las disposiciones por las que Dios guía su Creación hacia la perfección... Dios no seria Creador si hubiera abandonado su obra a su destino, como el arquitecto que una vez entregada la casa cuando está lista para ser habitada se desentiende de ella. Dios es Creador no sólo porque determina el comienzo de las cosas sacándolas de la nada sino en cuanto que las sostiene en su ser y las guía hacia su fin. Todas las criaturas incluso las que se revuelven contra Dios, permanecen por entero en sus manos. La providencia de Dios tiene en cuenta los más pequeños detalles: los gorriones del campo, nuestros cabellos. Nuestros poderes e incluso nuestra voluntad están en sus manos. Garantiza a las criaturas el poder obrar con efectividad: la providencia desea que utilicemos bien nuestras capacidades. Nos permite participar en su obra. Y lo hacemos a través de las buenas acciones. Por un designio misterioso la Providencia de Dios -por caminos que sólo El conoce- permite la existencia del mal transformándola al final en un bien. Este misterio llega a su altura máxima con el asesinato del Hijo Dios en la Cruz. Esta horrible acción la convirtió Dios en bien: "Te adoramos OH Cristo y te bendecimos porque con tu santa cruz redimiste el mundo".
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