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LA MUERTE "Somos extranjeros en esta tierra donde caminamos sin descanso y en medio de dificultades hacia la mansión eterna". Son palabras tomadas de un himno litúrgico. La esperanza en la "resurrección de los muertos" es la respuesta de la fe a la certeza de la muerte que nos aguarda. La muerte es a la vez un mal y un bien, un fin y un principio, destrucción de la vida y puerta de acceso a la vida. Dice el libro de la sabiduria: "Dios no creó la muerte ni disfruta con la muerte de los vivientes. Creó todo para que existiera". Se podría objetar a este aserto de la Sagrada Escritura que la muerte forma simplemente parte de la naturaleza puesto que está presente desde que existen seres vivos en la tierra. ¿No es, pues, la muerte algo natural y querido por Dios? Por otra parte experimentamos la muerte de los seres queridos como algo que no debiera ocurrir. Incluso la muerte de una mascota animal puede afectarnos. El universo no ha llegado al estado de perfección. La muerte existirá mientras la creación se desarrolle. El proceso de la creación conlleva la aparición de unos seres vivos y la desaparición de otros. En la naturaleza actúan simultáneamente fuerzas constructivas y destructivas. Llegar a ser y pasar es intrínseco a un mundo en cambio continuo. Y así será hasta que Dios de una forma incomprensible para nosotros perfeccione al hombre y al cosmos natural y la muerte deje de formar parte de la naturaleza. El libro de la sabiduria también nos dice: "Por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo y aquellos que son de su bando la experimentan". El pecado trajo la muerte al mundo, nos dice San Pablo. La enseñanza de la Iglesia interpreta estas palabras en el sentido de que la muerte corporal es algo de lo que el hombre hubiera estado libre si no hubiera pecado. El hombre es mortal en cuanto se refiere a su cuerpo, pero fue creado para la incorruptibilidad como nos recuerda el libro de la sabiduria. Si el hombre hubiera conservado su ligazón original con Dios la muerte no habría tenido poder sobre él. Sin embargo, Dios, en su infinita bondad, ha trasformado la muerte en un bien. El título de una libro de S. Ambrosio reza así: "La muerte, un bien". Cuando al final del siglo IV este padre de la Iglesia pasaba momentos de gran aflicción escribió: "Cuando la vida es una carga, la muerte brinda descanso; cuando la vida es un tormento la muerte es curativa". La muerte es un bien pero sólo para quien durante su vida se prepara para ella. Desde que Cristo murió por nosotros en la Cruz la muerte es ganancia como dice San Pablo a los Filipenses y para nosotros partir es llegar a casa para estar con Cristo. Mientras se vive con Cristo nada puede separarnos de él: ni en la vida, ni en la muerte, ni en la eternidad. C.S.
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