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Marilú Capín de
Aguilar
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LA INTERPRETACIÓN DE LA SAGRADA ESCRITURA
El Concilio cita un criterio principal para toda interpretación de la Escritura: «La Sagrada Escritura debe leerse e interpretarse a la luz del mismo Espíritu por el que fue escrita». Para entender correctamente la escritura debe leerse como inspirada por el Espíritu Santo. Eso quiere decir que debe leerse desde la fe ya que ha surgido desde la fe y da testimonio de la fe. Esto exige en primer lugar atención precisa al «sentido literal» de la Sagrada Escritura: aquello que los sagrados autores quisieron expresar. Un buen conocimiento de la historia contemporánea -el pueblo judío, el paisaje, sus costumbres, sus condiciones sociales- ayudará mucho también. Es útil prestar atención a los llamados «géneros literarios»: ¿Se trata de una parábola, una narración histórica, una oración profética? ¿En qué forma expresiva ha envuelto el autor su mensaje? ¿En qué situación ha escrito? ¿A quién especialmente se dirigía? Profundizar en todo esto es importante para captar los que los autores de la Sagrada Escritura deseaban expresar. La exégesis académica juega un papel irremplazable para facilitar la correcta intelección de la Escritura. Mas el puro análisis histórico y lingüístico no es suficiente. Estudio y fe han de ir de la mano si se quiere comprender el testimonio religioso de la escritura. Por eso el Concilio propone tres criterios: Estar atentos al contenido y unidad de toda la Escritura. Ninguna de sus partes se puede entender al margen de la totalidad. La Escritura debe leerse dentro de la tradición viva de la Iglesia. No somos los primeros en leerla. ¿Cómo se ha entendido la Escritura a en el curso de la larga experiencia religiosa de la Iglesia? Guardar atentos a la analogía de la fe que nos ofrece ayudas para la comprensión del mensaje. Las vidas de los santos son la más perfecta interpretación de la Escritura y sus milagros son ecos de los milagros evangélicos
C.S.
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