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SABANA SANTA

Nati Crespo Aguilar
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Vivir el Catecismo

 

LA IGLESIA ES SANTA

    

La segunda característica que atribuye el credo a la Iglesia es la santidad. ¿Pero cómo puede ser santa la Iglesia? ¿Significa esto que todos los que la componen son santos? ¿Es la Iglesia como una persona a la que se puede atribuir santidad? Una cosa es cierta: sólo Dios es santo.

Solo podemos acercarnos a la santidad de la iglesia si somos conscientes
de la santidad de Dios. Esto requiere tener respeto a la inmensa grandeza de Dios y sentido de su cercana protección. En presencia de Dios el hombre se hace consciente de su propia pequeñez y miseria pero también de la santidad y de su poder curativo.

Dios cura y sana todo lo que toca. La Iglesia es santa porque Cristo la ha amado y se ha dado a sí mismo por ella para santificarla y purificarla.
Así como de la Iglesia emana la luz de Cristo del mismo modo emana su santidad. Por eso en uno de los prefacios decimos que "Dios coronando los méritos de sus santos corona a la vez sus propios dones".


Cuando en el credo decimos que la Iglesia es santa estamos reconociendo que en ella habitan riquezas celestiales. La vemos por así decirlo con los ojos de Cristo, como su amada esposa. Es incomparablemente maravillosa. San Juan la vio como la Jerusalén celestial, preparada como una novia
adornada para su esposo. Si pudiéramos con los ojos de la fe ver como el resplandor de Cristo se refleja en el rostro de la iglesia comprenderíamos más profundamente por qué la Iglesia es llamada santa. Puesto que Cristo hace santa a la Iglesia, también la Iglesia puede comunicar santidad. Este es el objetivo de la actividad de la Iglesia: incrementar la santidad. Todos los medios de santifi­cación confiados a la Iglesia ayudan a la consecución de este objetivo: la Palabra de Dios; los sacramentos; los carismas; los oficios y funciones. El Vaticano II sitúa en el centro de sus documentos sobre la Iglesia el hecho de que todos estamos llamados a la santidad. La única medida de la santidad es, sin embargo, el amor. El amor es el corazón de la iglesia y dondequiera que hay amor la santidad de la Iglesia se hace visible y efectiva.

Todo esto explica qué significa el pecado en la Iglesia. La iglesia no es pecadora pero alberga pecadores. Cuando el Concilio nos dice que la iglesia es a la vez pecadora y a la vez necesitada de purificación es una llamada a todos los creyentes a seguir constantemente un camino de penitencia y renovación. La evidencia de que la Iglesia puede ser llamada santa aquí en la tierra nos la ofrecen los hombres y mujeres que han dado muestras excepcionales de santidad a lo largo de las épocas. La iglesia siempre se ha renovado gracias a estos fieles que han vivido en plenitud la fe y el amor. Mas que cualquier otra cosa la Iglesia necesita hoy en día hombres y mujeres santos.

 

 C.S.

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