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LA GRACIA DE LA CONFIRMACIÓN El Bautismo cristiano es un bautismo en el Espíritu; nos da la regeneración y nos adentra en la vida de Cristo, en su Cuerpo. Esto es lo que dice la Liturgia como lo decían los padres apostólicos. El Espíritu Santo ya nos es derramado en el Bautismo. La relación entre la gracia bautismal y la de la confirmación se ha comparado a la que existe, entre Pascua y Pentecostés. El día de Pascua el Señor se presentó en medio de sus discípulos les dio su saludo de paz y sopló sobre ellos: "Recibid el Espíritu Santo". El día de Pentecostés los discípulos también recibieron el regalo del Espíritu tal como Jesús les había prometido después de su resurrección: "Recibiréis el poder de ser mis testigos cuando el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros". Ambos, Bautismo y Confirmación derraman el Espíritu Santo y sus dones y así como nacimiento y crecimiento no tienen vuelta atrás el sacramento del renacimiento debe preceder al del crecimiento en el Espíritu Santo. Lo que es distintivo en la gracia de la confirmación es que nos enraíza más profundamente en la filiación divina; nos une más firmemente a Cristo; incrementa los dones del Espíritu Santo en nosotros; hace nuestra unión con la Iglesia más perfecta. Y aunque todo esto ya se nos concede en el Bautismo, la confirmación lo hace más profundo, firme y perfecto. El Bautismo incorpora al individuo a la Iglesia que es el, Pueblo de Dios y el Cuerpo de Cristo. La Confirmación aporta un nuevo factor: no sólo el individuo necesita de la comunidad; la vida de la comunidad depende del compromiso y responsabilidad de sus miembros. La intención de la confirmación es que el cristiano, habitado por el Espíritu Santo, se ponga a disposición de la actividad misionera de la Iglesia. La gracia de la confirmación es gracia de misión al apostolado. Por apostolado el Concilio entiende toda actividad de la Iglesia encaminada a la santificación de los hombres y su ordenamiento a Cristo. En virtud de su unión con Cristo, la cabeza, el cristiano tiene el derecho y el deber del apostolado, pues incorporado al Cuerpo Místico de Cristo por el Bautismo y fortalecido con el poder del Espíritu Santo en la confirmación está destiñado al apostolado por el Señor en persona. |
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