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Antonio

 Marilu Capin de Aguilar (poesias)

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Vivir el Catecismo

 

LA FE COMO RESPUESTA DEL HOMBRE

Dios nos ha amado primero. Antes que existiéramos nos escogió para ser y para vivir, para conocerle y amarle. Antes que respondiéramos nos llamó. Se nos acercó. La fe consiste en responderle.

La fe tiene que ver con la obediencia y con la escucha y relación con Dios que se nos dirige. Abraham es el prototipo de la fe obediente. Dios le llama, el obedece. Esto es la fe y la grandiosidad de esta actitud es la confianza incondicional en aquel a quien fielmente se obedece. Como Abraham y más que él, maria creyó en Dios. Ella tuvo confianza completa en que nada es imposible para Dios. Ella se entregó completamente a su voluntad: "Hágase en mí según tu Palabra". Creer en Dios con todo el corazón, inteligencia y voluntad significa darle honor, glorificarle. Quien cree en Dios reconoce su grandeza, omnipotencia y amor y se le somete. Cuando Jesús encuentra quien cree en Él de forma total y completa, se maravilla. La grandeza del verdadero creyente consiste en que cree que Dios es capaz de todo.

El hombre sólo puede someterse de forma tan completa y confiada a Dios. Sería mucho pedir confiar de esa forma en el prójimo por muy querido que sea. Es imposible esperar de él todo y de la misma manera que por fe esperamos en Dios. Y esto es cierto incluso referido a la Iglesia. Así el catecismo afirma: «En el credo apostólico profesamos creer en "una sola Santa Iglesia" y no que creemos en la iglesia como para no confundir a Dios con sus obras y para atribuir a claramente a Dios la bondad de los dones que ha derramado sobre su Iglesia».

Creemos en un solo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Al confiar de esta forma en Dios asentimos en fe a lo que El ha revelado y dispensado. Ser capaz de creer es también un don. Decimos que la fe es una gracia. Este inmerecido regalo entrana también una grave responsabilidad. Es un talento que de alguna forma hemos de ejercitar. Nuestra fe debe crecer, madurar y fructificar. Decae si nuestra forma de vivir no se corresponde con lo que creemos. Se marchita si no la reforzamos por medio de la oración; se fortalece con las pruebas; se enraíza con la paciencia y la constancia en realizar el bien; madura por el amor; por al esperanza se vuelve resuelta en tiempos de oscuridad y aflicción.

Tener fe es algo más que sentir. Muchos santos han vivido noches oscuras en las que toda experiencia se desvanece y solo per­manece la fe. Es precisamente entonces que él amor incondicional de Dios se hace manifiesto: un amor que hace perseverar fielmente en la fe aun a través de periodos de aridez y oscuridad. Dios no negará la recompensa a tal fidelidad: Él mismo será la recompensa.

 

Vivir el Catecismo